Hablar del pasado es hipócrita, resultadista, exagerado, deformado, tendencioso, mentiroso, acotado o parcial, y estamos hablando de algo que no solo dejó de existir, YA mismo no existe.

Hablar del futuro es totalmente aleatorio, confuso, incomprobable, insensato, en vano, dudoso, increíble, también tendencioso, y estamos hablando de algo que por más que queramos hacernos una idea clara, por más que podamos creer que podemos predecirlo, la realidad del devenir siempre nos sorprenderá y nos ganará de mano. El futuro AÚN no existe.

Hablar en presente en cambio, no sólo es más verdadero, sino que es más fácil.

Mañana podré decir que escribí un interesante artículo en mi blog, con el que quise compartir una reflexión que me surgió a la noche antes de dormir, con el cual buscaba sincerarme y demostrar honestidad.

Ayer podría haber dicho que iba a escribir un gran artículo en mi blog sobre la verdad, que probablemente le cambiaría ciertas concepciones o al menos la forma de expresarse a quienes lo leyeran.

Pero ahora tengo sueño, son las dos y media de la madrugada y me surgió escribir esto porque mientras escuchaba un antiguo programa de radio de Fernando Peña, se me ocurrió la frase que puse en el título, y entonces me vi obligado a elaborar algo más.

No puedo escribir dos párrafos seguido que salto a otras pestañas del navegador, me distraigo bastante y pierdo fácilmente la motivación.

Y esa es la verdad. Al menos por ahora.

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