Decidir antes de emprender, o cómo aprender a emprender

Antes de emprender

Aprender a decidir. Este es el primer y más importante paso para emprender. Y si bien no es fácil, requiere solo de tiempo libre y reflexión.

Muchos prefieren empezar por el final, y es que a veces es inevitable, la ansiedad y la esperanza nos superan. Algunos empiezan a pensar (que no a decidir) en cuánto van a tener que invertir, cuánto van a ser sus ingresos, cómo serán los mejores procesos, o peor, empiezan directamente por realizar acciones que solo derivan en  malgastar su tiempo y dinero.

Antes de estos planteos que tienen que ver directamente con el emprendimiento que estás decido a encarar, la primera pregunta que deberías hacerte es la del por qué.

¿Por qué vas a invertir tus recursos (tiempo, dinero, energía) en un emprendimiento propio?

Porque en definitiva es eso, lo que invertimos en un emprendimiento son nuestros propios recursos, que a su vez son limitados. Y atento que si pensas que los estas perdiendo o gastando ya arrancaste con pensamiento negativo.

Esta pregunta no debe asustar, no pretende generar miedo al fracaso o a los errores, si no todo lo contrario. Tiende a buscar una respuesta que nos motive, que nos de seguridad y que se presente en los peores momentos como motor para seguir adelante.

En todo emprendimiento existen momentos difíciles, lo cual no significa que convivas con el fracaso o que las cosas salgan siempre mal, pero tampoco podemos pretender que todo funcione a la perfección en todo momento.

No nos engañemos, está más que probado que es un camino cuesta arriba de crecimiento constante, y por esa razón los momentos (en el mejor de los casos) siempre se superan. Sin embargo no estamos exentos de sufrir una caída importante en cualquiera de nuestros frentes.

Si ese momento llegase, puedo asegurarte que en lo único que vas a poder apoyarte es en tu propia convicción de por qué estás haciendo lo que estás haciendo. En tu propia respuesta por la cual tomaste la decisión de emprender ese proyecto.

La respuesta depende de cada uno y de cada emprendimiento en particular. Mi respuesta más frecuente es que lo hago para ser libre en el sentido más amplio de la palabra, y es una respuesta que por lo general está detrás de todo lo que hago en la vida.

Algunas otras motivaciones muy claras que tuve a la hora de emprender fueron:

  • Aumentar mi exposición (incrementar mi influencia)
  • Sumar experiencia (mejorar mi reputación)
  • Aprender (ampliar mis conocimientos)
  • Generar más ingresos (mejorar mi libertad económica)
  • Incomodarme (lanzarme a nuevos desafíos y aventuras)
  • Divertirme (escaparle al tedio)

De ninguna manera tienen un orden de prioridad específico y en varios casos fue una combinación de distintas motivaciones.

Lo importante es que desde que me pregunto por el por qué, siempre tengo claro lo que me motiva a sumergirme en nuevos proyectos, ya que me permite levantarme al caer, medir al avanzar, alegrarme al lograr objetivos, y salirme sin remordimientos si no funcionan.

[tweetthis twitter_handles=»@antoninimarcos» hidden_hashtags=»#emprendimiento» url=»http://www.genlibre.com/aprender-a-decidir/»]Emprender en serio es, en definitiva, cambiar un modo de vida determinado.[/tweetthis]

Más allá del dinero

Un emprendimiento en términos de negocios es muy simple, se trata simplemente de generar dinero, y eso es lo primero que tenes que tener en claro.

Todo lo romántico que se puede decir al respecto sólo funciona si realmente se generan ingresos suficientes. De lo contrario no vas a tener un negocio ni vas a poder ser libre.

Lo paradójico es que si no tomas buenas decisiones desde el primer momento y si no sos capaz de sostener tu emprendimiento y de realizar esfuerzos por él, entonces nunca vas a llegar a ganar dinero tampoco. Y lo que es peor, nunca vas a llegar a realizar tu objetivo.

Por eso es tan importante empezar con el fin en mente, que consiste en elaborar un enunciado de la misión o filosofía personal. Se centra en lo que uno quiere ser y hacer y en los valores o principios que dan fundamento a nuestras acciones.

Decidir tu modo de vida

Antes que nada, si alguno se sorprende que mezcle «el trabajo» con “la vida”, para ahorrarme palabras les recomiendo que lean este artículo del diseñador Tobias van Schneider.

Luego de responder la pregunta fundamental, debemos ser conscientes que emprender en serio es, en definitiva, cambiar un modo de vida determinado.

Es importante tener en cuenta que la motivación deriva en un camino de progreso infinito, que nos lleva inevitablemente a un cambio de paradigma de nuestra propia vida.

Por eso no es lo mismo emprender un negocio abriendo un Restaurante que vendiendo ebooks online. Porque desde el principio cada emprendimiento conlleva recursos muy diferentes, procesos completamente distintos y un entorno sin comparación.

Al que abra el restaurante es muy probable que le lleve mucho tiempo poder dejar el negocio “solo” o controlarlo a distancia, algunos nunca lo logran (o no lo quieren lograr). Mientras que el vendedor de ebooks puede desde un primer momento trabajar desde cualquier parte del mundo.

Nuestro amigo del restaurante va a estar rodeado siempre de gente y tendrá muchos empleados a cargo. El escritor puede trabajar perfectamente en solitario y automatizar todos sus procesos de venta.

Podría seguir dando ejemplos pero creo que la diferencia es clara, incluso dentro de los emprendimientos digitales hay muchas diferencias.

Es importante poder verlas, pero más lo es ser conscientes entre las micro-diferencias, que son las que ahora mismo no nos interesan, y las macro-diferencias que son las que desde una primer momento van a delimitar nuestro modo de vida.

 camino-de-vida

Emprender es empezar a decidir

Al margen de todas las definiciones que existen del termino y aunque está tan gastado por estos días, es una palabra que tiene mucho peso, que marca una diferencia importante y que demuestra una actitud claramente contrastable entre los que la empelan y los que no.

Para mí emprender es empezar a decidir porque desde un primer momento significa cambiar, evolucionar, independizarse, valorarse más allá del dinero.

Todo eso en su conjunto no puede resultar más que en una enorme evaluación y decisión sobre nuestra propia vida.

Otra cosa es si nos va bien o mal, si logramos nuestra versión del éxito o no, las maneras de hacerlo y los proyectos en sí, porque, aunque todo sea un desastre, el cambio (el click) ya está hecho y tu vida nunca volverá a ser la misma.

No son pocas las decisiones que uno tiene que tomar desde el momento en que se decide a emprender. Cada pregunta que surge de ahí en adelante es un mundo de posibilidades.

Algunas preguntitas

Dejemos de lado un poco el existencialismo que tanto me caracteriza y demos lugar ahora sí a la catarata de preguntas que le siguen al anterior proceso de reflexión.

Intentaré ser lo más verborrágico posible y sin filtrar demasiado lo que se me viene a la mente, te voy a lanzar preguntas como si fuera un amigo con el que estás tomando una cerveza…

El tiempo, para mí siempre adelante, es un factor esencial en nuestro modo de vida: ¿Cuánto tiempo te va a llevar desarrollar tu emprendimiento? ¿Cuánto en alcanzar los primeros objetivos y metas? ¿Cuánto tiempo vas a tener que invertir para mantenerlo?

El conocimiento que tengas (o no) sobre lo que quieras emprender va a determinar la cantidad de pasos previos o caminos alternativos que debas tomar para cumplirlo ¿Qué vas a tener que aprender? ¿Cuán determinante es tu ignorancia al respecto? ¿Cómo vas a educarte de acá en adelante?

¿Qué vas a tener que hacer dentro de tu emprendimiento? ¿Qué tareas? ¿A qué vas a tener que acostumbrarte? ¿Sabes delegar?

¿Dónde se puede llevar a cabo tu trabajo y tu negocio? ¿Con quién? ¿Tu familia o tus amigos va a colaborar? ¿De qué forma? ¿Se acostumbraran a tu modo de vida?

¿Cuánto necesitaras invertir? ¿Vas a ganar lo suficiente? ¿Cuánto pretendes ganar? Mejor dicho, qué vida queres vivir? ¿Pensabas hacerte rico? ¿Te conformas con tener para comer y salir a divertirte?

¿O pretendías costearte viajes por el mundo? Pero y ¿Cada cuánto pensabas viajar? ¿Y con tu familia, novia, amigos, qué vas a hacer? ¿Vas a poder trabajar desde la playa?

Podría hacer muchas más, probablemente nunca sean suficientes. La idea era demostrarte cómo afecta cada variable que agregamos a nuestro pensamiento y genera un sin fin de micro decisiones.

La verdad es que no tiene por qué ser algo complicado, quizás a muchos les resulte un ejercicio fluido responder a cada una de ellas, pero no podemos negar que es un entramado complejo, ya se trata nada más y nada menos que de diseñar nuestra propia vida.

[tweetthis twitter_handles=»@antoninimarcos» hidden_hashtags=»#emprendimiento» url=»http://www.genlibre.com/aprender-a-decidir/»]Perderse en las preguntas basadas en nuestro sentido común es más fácil que responder a una sola que sea de carácter fundamental.[/tweetthis]

¿Qué tipo de vida queres llevar?

El lugar al que nos llevan todas estas preguntas puede resumirse en una única pregunta final que engloba a todas las anteriores.

Quiero que sólo pienses en qué tipo de vida queres llevar. Rodeado por quiénes, en qué lugares, con qué comodidades, de qué manera, con qué rutina, haciendo qué y para quién, sintiéndote cómo.

Cada momento de la vida tiene una respuesta diferente, por lo que da igual la edad que tengas o el momento que estés pasando, no pretendo con esto hacer un modelo de producción para diseñar tu vida, simplemente darte un punto de partida para entender TU momento de la vida, en ESTE mismo momento.

Mi motivación para hacer este post es haber consumido hasta el hartazgo historias de gente que emprende simplemente porque está de moda, o porque tienen las ganas pero no sabe qué hacer, o que creen que emprender es sinónimo de forrarse y no trabajar nunca más.

Todas esas historias terminan mal.

Por el contrario mi objetivo es acompañarte en cada decisión brindándote mi propio punto de vista, basado en mi propia experiencia, para que puedas ponerte en múltiples zapatos a la vez y revalorizado, volver nuevamente a tu realidad.

Si te gustó el post podes difundirlo en tus redes y/o dejar un comentario. También podes recibir una simple notificación de los que vendrán suscribiéndote a la exclusiva lista de personas con un gen libre.

Cómo llegué a trabajar como profesional sin trabajar jamás

Qué es trabajar

Desde hace algún tiempo se está produciendo en todo el mundo un gran cambio en la forma de trabajar, pero en países subdesarrollados como los de Latinoamérica todavía es necesario ir derribando ciertos mitos y viejos paradigmas laborales que en muchos ámbitos siguen teniendo una fuerte influencia, y pueden estigmatizar a los más jóvenes que se inician en sus primeros empleos o como en mi caso, generar resistencia a darte por enterado que siendo independiente y estando en el mundo digital también se trabaja.

El estigma de trabajar o no trabajar alcanza a profesionales de ámbitos raros, o poco conocidos, pero también a empleados nuevos o a aquellos que cumplen determinadas tareas dentro de cierto tipo de empresas.

Te invito a identificar si sos o fuiste parte de una situación en la que no estabas trabajando.

1. Si sos nuevo no es trabajo

Cuando trabajaba en la empresa de mi familia existían dos sectores bien definidos. Un sector era el taller, donde se realizaba el trabajo más pesado y manual, y el otro era la oficina, en el que se atendía al público y se hacia el trabajo administrativo generalmente sentado frente a una computadora.

Sin embargo ni bien entré a trabajar a mis 19 años, y durante los primeros tres o seis meses, no pertenecía a ninguno de los dos sectores, ya que tuve que pasar por el famoso «derecho de piso«. No creo que en todos los países se diga igual pero es esto de que por ser novato o aprendiz en un determinado ámbito (en este caso una empresa), primero tenes que realizar las peores tareas, esas que nadie quiere hacer. Es ese primer momento en que no tenes objetivos definidos y todo se basa en la voluntad del presente inmediato de tu jefe o superior. No podes tener tiempo libre y no hay productividad que alcance, siempre hay alguna tarea que debes realizar.

La realidad de esta estúpida costumbre es que en las empresas chicas y medianas no hay gente encargada de estas tareas, que por cierto son totalmente dignas (en su mayoría), ya que los empleadores no están dispuestos a contratar personal específico para que las haga. El resultado es gente haciendo algo que no le gusta de forma cíclica y la desmotivación total y permanente de los nuevos empleados. Lo bueno es para el empleador, que puede pagarte una miseria porque no sos nadie y no estás haciendo nada importante o bien porque te están probando. Tampoco se toman el tiempo de comprobar tus habilidades, deseos o esperanzas previas, para intentar adaptarte a determinado sector o a determinadas tareas que generen valor para la empresa y bienestar para vos.

Otro aspecto quizás más técnico y menos fundamenta es que no existe un área dentro de estas empresas que se dedique específicamente a la capacitación de los nuevos empleados, entonces el aprendizaje sobre el flujo del trabajo y la dinámica de tareas específicas las vas incorporando de a poco, empezando por las que simplemente tenes que haber pasado un mínimo de tiempo en este planeta para poder cumplirlas correctamente.

El aspecto social también es fundamental y se trata del goce de los empleados más experimentados que lejos de intentar enseñarte o dar el ejemplo, les encanta la idea de tener un perrito que no pueda ni ladrar ni morder al que ordenarle y delegarle cosas. Por eso si estas pasando por una situación así, es importante creer en vos mismo y ganarte el respeto desde el primer día, porque siempre hay gente así en las empresas. Gente que con un poco de poder se cree la dueña de tu vida.

2. Si no hay fuerza no es trabajo

Después de ser el «che pibe» pasé a formar parte del taller donde llegué a colaborar en todas sus áreas. En el poco tiempo que dure allí ensuciándome las manos descubrí dos cosas, la primera es que no soy bueno para trabajar en un taller, y la segunda es un problema en unos huesos de la columna que desde entonces me impide hacer fuerza y deportes de alto impacto.

Gracias a ese descubrimiento «me gane» el pase a la oficina. Pero de nuevo, al escritorio que nadie quería ocupar, el de atención a  las viejas histéricas y los maleducados al público  Un nuevo sector, un nuevo derecho de piso.

Yo me llevaba muy bien con todos los del taller pero al pasar a ser oficinista hubo una especie de ruptura. En muchas ocasiones se daban conversaciones en las que los mecánicos se reían y burlaban de los que trabajábamos sentados, decían que nosotros no trabajábamos, o que así cualquiera trabajaba, o bien que eso no era trabajar. Si, así de contradictorio pero imperativo a la vez.

Algo que noté que les molestaba sobre manera era recibir órdenes, y como nosotros nos encargábamos del flujo del trabajo en el taller éramos quienes se las dábamos, por lo que ellos lo interpretaban como que el oficinista era en algún punto un superior. Supongo yo que le hecho de perder un poco de poder les generaba cierta envidia o resentimiento, y la verdad era que ellos tenían un sueldo muy superior al mío.

Saliéndonos de la empresa donde trabajé y de todos los clones que andan por ahí, hablando en términos sociales, la realidad es que para una gran cantidad de gente, si no te ensucias las manos, si no son muchas horas, sin no representa un sacrificio o si no haces fuerza, entonces NO estas trabajando. O lo que es lo mismo, aquellos que sí cumplen con eso, son trabajadores con mayúsculas. Pero yo creo que todo se remite a la siguiente frase:

Lo importante no es lo que hagas, si no cómo lo hagas

Habrá trabajos más pesados que otros, más automáticos que otros, más placenteros que otros pero todos son trabajos. Desde ese punto de vista muchos trabajos intelectuales son más físicos y desgastantes que muchos que son manuales. Y muchos trabajos automatizados son más estresantes que muchos trabajos creativos.

Creo que es momento de romper con este otro paradigma tomándote en serio y con responsabilidad cualquier trabajo que estés realizando.

3. Si es intelectual no es trabajo

Un día quise pedir un aumento porque me habían dado una nueva tarea, la verdad es que, si bien me recortaba el tiempo para el resto de tareas que tenía para hacer en la oficina, me alcanzaba el tiempo para hacer todo. Pero el aumento lo pedía porque consideraba que la tarea era un trabajo intelectual de gran responsabilidad y que merecía hacerse de la mejor manera con mucha atención y esmero. Y realmente lo era, era una tarea que de hacerla mal podrían multar a la empresa por miles de pesos o incluso inhabilitar sus actividades.

Ese día no sólo no logré el aumento si no que casi me despiden. Más tarde entendí que en las empresas, cuando uno es un simple empleado, goza de tener una institución (o varias) que lo sostienen. Podría haber aceptado la tarea, ganar lo mismo, hacerla a desgano o sin compromiso, podría haber salido algo mal, haber habido un problema muy grande, pero en ningún caso yo hubiera respondido por ello si no la empresa. De todas formas no pasó nada porque tampoco acepte el trabajo extra.

Yo tomaba cada cosa que hacía en la empresa como si fuera para mí, pero lejos de saberlo valorar (y reconocer) casi me despiden. Ellos no solo no podían ver ese compromiso si no tampoco diferenciar un trabajo físico de uno intelectual de uno automático.

4. Si te gusta no es trabajo

Aún hoy me pasa de sentir a veces la sensación que me acompañó durante los primeros años como Diseñador Web, esa de no sentir estar trabajando y por consiguiente de no poder comunicar concretamente lo que estaba haciendo.

Primero el hecho se derivaba simplemente por estar delante de una computadora pero no en una oficina de X empresa, si no en mi habitación en la casa de mis padres. En ese entonces la computadora era un sinónimo de televisión, de entretenimiento carente de utilidad.

Muchas veces sentí pudor cuando iba a decir que me gustaba lo que hacía, que había disfrutado hacer determinado trabajo o que me emocionaba tener un nuevo proyecto por delante. Uno está acostumbrado a escuchar sólo quejas de los trabajos tradicionales y es difícil decir estas cosas sin que el otro crea que en realidad lo que queremos es refregarle nuestro goce cotidiano.

Volviendo a la empresa, poco a poco había ido incorporando a mis tareas, algunas ligadas con lo que realmente me gustaba hacer y que hasta entonces sólo era un hobbie: comunicar. Empecé a través del diseño gráfico, por lo que me puse al hombro la tarea de re-diseñar toda la papelería de la empresa, luego seguí con las publicidades en los medios y concluí con el sitio web.

Generé un valor incalculable para la empresa, que aún hoy es utilizado y que genera muchos beneficios. Pero en ese momento era chico… y eso era un hobbie no un trabajo (por eso me gustaba) y por eso, bueno, nunca me pagaron.

5. Si no es tangible no es trabajo

Este punto comienza una vez que abandoné la empresa y me convertí en un trabajador independiente, continuó durante el proceso de convertirme en profesional web, y hasta el día de hoy muchas veces todavía me afecta.

Con el trabajo digital sucede algo como lo que vemos a diario en las redes sociales cuando la gente no puede evitar compartir ciertas cosas casi sin pensar solo para tangibilizar sus emociones, solo que a la inversa. Resulta que para el mundo «real» yo no tengo nada que mostrar. No voy a una oficina a trabajar, no me tengo que vestir de una forma particular, ni siquiera dependo de otras personas para hacer mi trabajo. Las herramientas que utilizo son a simple vista las mismas que tiene muchísima gente, una computadora, un celular, un cuaderno y no mucho más.

A esto hay que sumarle que una vez puesto del lado que menos se entiende, una vez elegida la carrera más trasgresora, nueva o desconocida, uno se enfrenta no solo con el problema de la falta de tradición y de instituciones que lo apoyen, si no también y en un mismo plano con la imposibilidad de tangibilizar su trabajo o su éxito. Sobre todo si el trabajo es netamente digital.

Si bien el trabajo existe dentro mundo digital y de hecho podemos ver como cientos de personas que se beneficiaron de este mundo e incluso surgieron gracias a lo digital, en el mundo «real» uno se enfrenta a la imposibilidad de que su entorno menos tecnológico entiendan de qué va tu trabajo.

Entonces tus padres y amigos no puede discernir si lo que haces es bueno o malo, tampoco si te está yendo bien o mal, tampoco pueden aconsejarte en nada porque no comprenden nada ya que no tienen historias previas y tampoco con qué comparar.

Los demás no saben cómo tratar lo que les contás o cómo reaccionar, ni siquiera saben si deben reaccionar a las palabras que estas conectando. Es algo que no les pertenece ni de lo cual nunca habían escuchado. Es entonces cuando toman una decisión: ignorarlo.

Luego de sentirme ignorado cientos de veces opté por ignorarme a mí mismo, opté por el silencio y sucedió algo increíble.

Si me pongo en la piel de los demás y repaso mi relación con mucha gente, deben creer que no trabajo, que nunca trabajé o que alguien me mantiene. Al existir tanta ignorancia alrededor de mi trabajo es como si este se anulase y con él todos mis éxitos y fracasos. Es de esta reflexión que surgió el título de este post, porque es gracioso pero refleja bastante bien esta situación.

Algo que aprendí luego de entender esto es que uno debe juntarse con la gente que tiene tus mismo intereses y con la cual puedas compartir tus experiencias. Personas y grupos que puedan valorar y criticar tu trabajo e incluso aconsejarte y guiarte. Por eso si trabajas de forma independiente y en el mundo digital estás en el lugar adecuado.

 

 

Con esto termina mi repaso de lo que para mí, a esta altura de la historia de la humanidad y con la actitud correcta, sólo deberían ser mitos o al menos viejos paradigmas laborales. ¿Tuviste experiencias similares? ¿Sentiste en algún momento algo cómo lo que relaté?

¿Emprendedor o freelance? Esa es la cuestión

Emprendedor o Freelance

Publico mi última entrada antes de viajar por un par de semanas a Brasil. Voy a visitar por tercera vez Angra dos Reis para intentar particularmente recorrer Isla Grande haciendo muchos trekkings 🙂 . Y luego iré a Buzios por cuarta vez en mi vida, creo que nunca me voy a cansar de tomar algo en ese hermoso centrito que tiene mirando el mar.

Nos vemos a la vuelta.

 

Últimamente me está costando encontrar una única definición para mi situación laboral y veo que a otros colegas les pasa lo mismo. ¿Soy emprendedor o freelance? ¿Soy las dos cosas? ¿Cuál de las dos tiene más peso? ¿Con cuál de los dos términos me identifico más?

Creo que antes de responder estas preguntas habría que pensar algo previamente. ¿Son tan distintos como parece?

Similitudes entre un freelance y un emprendedor

Por experiencia propia sé que ser freelance o emprendedor es un viaje de ida como decimos en Argentina. Es algo sin retorno, nunca más se vuelve a pensar de la misma forma cuando uno se embarca en estas experiencias. No significa que no vuelvas a trabajar a un McDonal’s o que no tengas que pedir plata prestada nunca más. Se trata de que nunca vas a ver al mundo y a tus propias acciones de la misma manera.

Para comenzar con un negocio de cualquiera de las dos maneras lo que se necesita es motivación, convicción, un altísimo nivel de compromiso y una gran fuerza de voluntad.

Además en ambos casos, por lo menos en los primeros años, vas a trabajar muchísimo, incluso más que trabajando como dependiente. De ahí la importancia de hacer algo que te guste y que con ello creas que verdaderamente estas aportando valor.

En los dos casos vas a tener que tirar muchas paredes abajo y remar contra la corriente, esquivar malos comentarios, desestimar criticas sin fundamento y creer en vos más que nunca porque nadie va a impulsarte a creer en vos mismo lo suficiente e incluso pueden ignorarte por completo a vos y a tu negocio. Puede que nadie entienda no por qué haces lo que haces, si no qué es exactamente lo que haces.

Ser emprendedor o freelance supone un desafío en términos laborales pero también en términos personales al mismo nivel de exigencia. No por nada hay tanto material sobre desarrollo personal y auto-educación alrededor de estos términos. No se trata de un mal día en el trabajo, se trata de un mal día en tu vida. No se trata de un trabajo nuevo que va a llevar tiempo, se trata de un desafío que va a llevar tiempo de tu vida.

La vida y el trabajo no son cosas distintas, pasan a ser una misma cosa, se funden y conviven. Se potencian mutuamente y si se hace correctamente y con convicción, se disfruta todo. Ya no se está esperando a que termine la jornada, o la semana, o que lleguen las vacaciones, o el año que viene, o el feriado largo o la próxima vida en la cual vas a reencarnar en pájaro. Simplemente se vive plenamente lo laboral y lo personal, todo se rodea de la misma emoción, todo tiene la misma capacidad de ser disfrutable.

Lo más hermoso que comparten es que todo lo que trabajes, fracases o tengas éxito, todo va a sumar en tu propia vida y para tu propia persona o entorno. Todo nace de vos y vuelve a vos permanentemente.

Diferencias de ser emprendedor o freelance

Pero tal y como resume esta infografía de blog&lana, ser emprendedor o ser freelance no es lo mismo, existen importantes diferencias que moldean la vida de las personas de forma diferente.

Si bien ambos se centran en crear un negocio propio y generar ingresos, el freelance no siempre apunta a crear ingresos pasivos ya que por lo general cobra por hora o por proyecto, mientras que el emprendedor siempre apunta a generar ingresos pasivos y dependiendo de la forma en la que lo haga creará una empresa o una startup.

El emprendedor va a crear una empresa con empleados, pueden ser cientos o como en el caso de una startup pueden ser solo una decena. El freelance por lo general trabaja solo y en un punto de madurez, cuenta con el soporte de un equipo que lo pueda ayudar en determinados proyectos.

Siendo emprendedor ya no se trata solo de trabajar en equipo, de colaborar. Se trata de gestionar equipos y proyectos a la vez, de saber delegar. Se trata de ser líder y guía de un proyecto por lo general innovador y ambicioso.

El profesional independiente puede conformarse con lo justo para vivir, con lo que a él le alcance para vivir y quiera ganar. El freelance tiene la posibilidad de moverse con mucha facilidad entre proyectos y también entre sus propias tareas y habilidades.

El emprendedor por el contrario y de base, tiene un socio por lo general como mínimo, está permanentemente relacionándose y esas relaciones son la base de su empresa. No puede conformarse con poco ya que los ingresos no son solo para él, supone una administración más compleja y debe pensar en grande. Además no le resulta tan fácil abandonar su proyecto ni dejarlo de lado por un tiempo ya que si es uno de los fundadores o socios, esto haría que todo se desmorone.

¿Se puede ser las dos cosas?

Se puede, para ello es necesario crear negocios completamente automatizados o que requieran un mínimo de atención, y mientras tanto seguir trabajando como independiente. No es imposible, aunque requiere de un esfuerzo mental interesante y es muy difícil que no descuides alguno de los dos frentes en algún momento.

Aunque si no te consideras una persona ambiciosa, si no crees tener capacidades de liderazgo, si no crees que puedas adquirir las habilidades necesarias para llevar adelante un negocio, si no te gusta relacionarte demasiado ni tenes ganas de llevar relaciones laborales de peso, entonces no vas a poder ser un emprendedor.

Y tampoco freelance 😉

Quizás en definitiva lo único que diferencie a unos de otros es el tipo o la forma de crear los negocios y de llevar las relaciones, por lo demás, tienen muchos genes en común y sobre todo el de la libertad.

Mi negocio online con solo 18 años

Mi negocio online con 18 años

No era fácil crear un negocio online en el 2007 y mucho menos con 18 años y poca experiencia. Antes de que existiera Facebook, Twitter, Medium, WordPress, Blogger, o cualquier medio que permitiese de forma fácil y rápida la publicación de contenidos a cualquier persona con acceso a Internet, crear y subir contenido a la Web no era algo que se lograba de un día para el otro. En ese momento tampoco resultaba obvio cómo funcionaba la web.

Claramente las cosas cambiaron mucho y hay ventajas inmensas con respecto a esta historia. Pero como no todo se trata de técnicas ni herramientas, creo que puede resultarte interesante ver cómo una cosa lleva a la otra y poder contrastarlo con tu propia realidad.

Mi primer negocio online surgió al siguiente año de terminar el colegio, cuando trabajaba en la empresa de mi familia y todavía era un dependiente. Como ya conté en un post anterior, no estaba muy feliz con el trabajo aparte, y aunque consideraba que lo hacia bien y me comprometía con mis tareas, recibía un sueldo que creía no estaba a la altura de mis responsabilidades y que para peor, no obtenía reconocimiento por nada de lo que hacía.

A pesar de esa situación siempre intenté mejorar la empresa. Aun siendo un simple empleado que atendía al público me daba cuenta que muchas cosas no funcionaban correctamente, por lo que estaba constantemente intentando mejorar el negocio desde lo que más me gustaba, el diseño y la tecnología.

Sin darme cuenta, y sin ser consciente de lo que realmente estaba haciendo aprendí mucho sobre cómo funciona una empresa, sobre cómo se construye una marca, una reputación, sobre procesos internos, ventas, manejo de productos, clientes, proveedores, y un largo etcétera que incorporé durante los tres años que trabaje allí. De hecho esos conocimientos me sirvieron después para guiarme en mis comienzos como profesional independiente.

Pero lo más importante que me dejó el paso por la empresa de mi familia fue sin lugar a dudas el comienzo de mi primer negocio online, ya que para mantener vivo el hobby que tenia desde los 13 años y para colaborar con el crecimiento del negocio, decidí crearles el sitio web.

Del hobby al trabajo formal

Al ponerme a analizar la situación me di cuenta que era muy distinto a todo lo que había hecho antes. Hasta ese momento había realizado varias páginas pero la única que estaba seriamente publicada no era de una empresa si no del club de fútbol del que era fanático, que no vendía absolutamente nada.

Era un nuevo desafío y la primera vez que tomaba la identidad e imagen de una empresa real para trasladarla a la web. Me lo tomé muy en serio desde el primer momento, tanto, que hasta esbocé una especie de contrato donde detallaba todo lo que pensaba hacer y el precio por el trabajo, porque si algo tenia claro es que esto ahora era un trabajo. Igual me costó cobrarlo como debía por la aceptación de dos factores: era mi primer sitio web para un cliente real y se trataba además de mi familia.

En ese momento no era tan común tener una página web como ahora y mucho menos lo era ser «Diseñador Web», por lo que esa situación, sumado a que yo no lo consideraba un trabajo porque me encaba diseñar, hizo que no valorara como debía eso que estaba haciendo, que en definitiva sí era un trabajo.

El negocio obvio

Yo estaba contento porque iba a recibir mi primer pago por el diseño de un sitio web. Ese era en definitiva el negocio para mí o al menos eso creía en ese momento. Yo trasladaba la identidad y el mensaje de una empresa a la Web y por ese servicio el cliente debía realizarme un pago. Simple.

Pero había algo más, yo sabia que para tener un sitio web online se necesitaba un proveedor de hosting. Hasta el momento no había contratado nunca uno profesional, siempre había usado los servicios del viejo Galeon (el Geocities hispano), que si bien tenia algunos de pago, lejos estaban de ser servicios profesionales y para colmo eran carlismo.

Fue entonces que buscando una alternativa encontré un proveedor nacional (argentino) que prefiero no mencionar ya que las cosas no terminaron muy bien, pero que me sirvió para entrar en el mundo del hosting profesional.

El verdadero negocio online, no tan obvio

En ese momento lo único que hice fue trasladar el costo del plan contratado en el hosting al cliente, es decir, a la empresa de mi familia, por lo que no era intermediario ni veía un solo peso por ese servicio, porque yo creía que no lo brindaba, pero, ¿no era yo quien acercaba el servicio, la solución?

Es así que al poco tiempo, gracias a muchos factores, me di cuenta del negocio en sí mismo de los alojamientos web. Y la verdad es que no es uno si no que hay muchos posibles y aunque algunos afirmen que está en decadencia para mí sigue siendo una posibilidad a explotar.

Este negocio tiene el atractivo de los ingresos recurrentes y pasivos. Esto es que por determinado servicio el cliente pague todos los meses un monto fijo. Y si ese servicio está automatizado, como el hosting, entonces se convierte en un ingreso pasivo, es decir que ganas dinero «sin hacer nada».

Quizás a esta altura sea una pregunta un tanto obvia pero ¿se dieron cuenta que cada sitio que visitan necesita de un alojamiento? En algún punto es comparable al negocio inmobiliario. El hosting es un negocio escalable y permite obtener ingresos de una forma que con el diseño web y la consultaría es imposible.

Ahora tenía un objetivo

Al poco tiempo descubrí que los proveedores de hosting tenían planes para revender con tu propia marca, cosa que para un diseñador web como yo era excelente. A partir de ese momento debía centrarme en conseguir clientes que necesiten un sitio web, para poder adjuntarles el servicio de alojamiento y así empezar a obtener ingresos recurrentes de forma pasiva.

Hoy sigue siendo para mí uno de los negocios en los que invierto tiempo y dedicación, construyendo una marca que brinda servicios basados en la Web, buscando clientes que por lo general necesitan una página web y que por lo tanto siempre necesitan de alojamiento en la nube.

Es importante que como persona independiente te centres en conseguir seguridad financiera y la mejor manera de alcanzarla es mediante pagos recurrentes e ingresos pasivos. El problema es que no con todas las temáticas y profesiones se puede crear un negocio online, aunque eso está cambiando o mejor dicho, ya cambió, y mi idea es que descubras en Gen Libre cómo lo podes desarrollar y puedas tener objetivos concretos.

Queda claro que si yo pude crear un negocio online con dieciocho años y con muy poca experiencia previa, vos también podes hacerlo. ¿Cuántos años tenes y a qué te dedicas actualmente? ¿Alguna idea por la que quieras empezar?

Cómo proteger tu marca en Internet

Como proteger tu marca en Internet

Tanto si estás pensando en llevar tu empresa a Internet como si ya tenes presencia online es importante que tengas en cuenta ciertos consejos que tienen que ver directamente con el nombre de tu marca o proyecto. Para identificar mejor los objetivos a cumplir según la etapa en la que te encuentres, haré una división en tres posibles situaciones.

Caso 1: Sin marca ni presencia

Lo mas importante en este caso será en primer lugar encontrar un nombre original que pueda ser recordado fácilmente por los clientes y que a su vez cumpla con el factor que hoy por hoy no se puede obviar (por lo tanto pasa a ser uno de los mas importantes) y es que ese nombre que se elija esté disponible para registrar en cuentas de mail, dominios nacionales e internacionales, redes sociales, y grandes foros u otros ámbitos por los que la empresa pueda estar presente en Internet. Si se logra asignar un nombre que esté disponible en la mayor cantidad de sitios posibles, nos ahorramos conflictos, dinero y partimos con una base solida que hará que nuestra presencia en Internet sea única y original.

Algo a tener en cuenta es que no importa si no se va a utilizar una cuenta de, por ejemplo, Twitter (aunque es aplicable a cualquier otra red social, o casilla de mail), ya sea porque no nos interesa o porque realmente no tiene utilidad para la empresa, pero es importante tener un perfil registrado con el nombre de nuestra marca, para que nadie pueda en un futuro suplantar nuestra identidad, y en caso de que lo hagan (siempre hay una manera) poder tener una respuesta oficial de nuestra parte y por tanto de mayor peso.

Caso 2: Con marca pero sin presencia

Si ya se posee una marca las recomendaciones son las mismas que en el caso anterior solo que ademas abra que rezar para que todavía ese nombre con el que se identifica a nuestra empresa o proyecto no esté registrado, o lo este en la menor cantidad de sitios o en los que menos nos afecten para nuestro desarrollo en la web. De la misma forma que en el caso anterior se recomienda, aunque no se use, el registro del nombre en todos los sitios posibles y de mayor relevancia en Internet. En cuanto a los dominios de pago por cuantos más años se contratan, más relevancia obtenemos para el posicionamiento, ya que damos a entender que es un sitio web que va en serio y no se trata de algo temporal.

Caso 3: Con marca y presencia

Si ya se cuenta con cierta presencia en Internet es importante aumentar el alcance de nuestra marca para prevenir conflictos o ataques malintencionados. Gestionar correctamente el nombre de nuestra empresa o proyecto aumenta el valor de la marca y demuestra a nuestros clientes mayor estabilidad y seguridad.

En cuanto a los dominios será de suma importancia no dejarlos vencer y si se trata de dominios de pago activar la renovación automática. Una buena idea es registrar dominios que puedan ser similares, ya sea por la pronunciación o por la tendencia de la gente a buscar el sitio u otra forma de llamar o abreviar a nuestra empresa, redireccionando todos a nuestro sitio principal.

Si al querer expandir tu marca te encontraste con que uno o varios dominios que querías registrar están ocupados, existe la recuperación mediante compra, administración o vía legal. Hay muchas empresas que se dedican a esto. También a registrar legalmente marcas ante organizamos nacionales e internacionales para tener la prioridad por el nombre ante el registro o solicitud de dominios. No hay una medida que sea infalible, en general siempre gana el que ofrece mas dinero, pero suma ante un conflicto.

Si ya se poseen perfiles creados habrá que controlar que cuenten con el nombre de usuario correcto, por ejemplo en el caso de Facebook que sea trate de pagina y no un perfil, que se alla asignado un nombre de usuario para facilitar el acceso y la promocion. Si el sitio lo permite verificar nuestra empresa como puede ser el caso de Google+ y Google Places. Y siempre que se pueda, enlazar las redes a nuestro sitio.

En muchos casos, nos dedicamos a vender o comunicar productos o servicios que de forma externa cuentan con foros o grupos manejados por los propios usuarios, clientes o fanáticos a los cuales nos dirigimos. No es mala idea registrarnos también en ellos para controlar lo que se puede llegar a hablar de nosotros y para generar un nuevo canal de comunicación con una respuesta oficial y a su vez profesional de nuestra parte.

Los Certificados SSL ayudan también a generar confianza en el usuario y representan un sello en Internet. Le dicen a todo el mundo que nuestro sitio pertenece a una marca seria que se preocupa por la seguridad de los visitantes. Si garantizamos una navegación segura les será más difícil a aquellos que quieran dañar nuestra imagen mediante el pishing o el robo de datos.

 

Si tenes alguna consulta sobre este tema podes dejar tu comentario mas abajo o escribirme para un mayor asesoramiento.