Cuando te morís se ve todo negro

Todo negro

Cuando iba a primero o segundo año de la primaria viví una experiencia bastante traumática. Aunque hoy a la distancia no recuerdo exactamente qué fue lo que pasó y tengo la sensación de que fue solo un pequeño incidente que terminó en el reto de la directora del colegio donde asistía, no puedo evitar tener el sentimiento de que la pase muy mal y que algo cambiaba para peor.

Quizás tengo esa sensación por lo que sí recuerdo claramente, que son las consecuencias del hecho, lo que viví esa misma noche:

Fue la primera vez que pensé en la muerte.

Es que ahora lo sé, cuando uno sufre cierto acontecimiento que lo angustia o está pasando por un momento difícil, tarde o temprano piensa en la muerte en alguna de sus formas. A mí me tocó pensar en ella por primera vez en mi vida a los seis años.

Y ese hecho que hoy me parece ridículo, gracioso e irrelevante, fue el primer disparador para pensar en la muerte. Recuerdo estar a la noche en mi habitación acostado sin poder dormir , repasando los acontecimientos de ese día, y con miedo. Porque la cara de la directora me daba miedo y más si la recordaba gritándome. Si bien la habitación no estaba del todo a oscuras porque entraba la luz del pasillo por la puerta entre abierta, me costaba no quedar sumergido cada vez más en la obscuridad de mis pensamientos. Como en una pesadilla, la situación se ponía cada vez peor.

Gracias a la combinación de todos estos recuerdos y sensaciones terminé pensando en la muerte. Entonces me dije a modo de conclusión que eso debería parecerse mucho a la muerte.

“Esto es lo que pasa: cuando te morís se ve todo negro”

Si entendemos al negro como la nada, de lo que me di cuenta en ese momento es lo que hoy se lee como “de la nada venimos y hacia la nada nos dirigimos”.

Es un pensamiento que sin importar como se exprese lo deja a uno bastante en el aire. En ese momento, con seis años de edad y al no poder darle un cierre o pensar en una solución o al menos entenderlo, lo único que me quedó fue llorar. Y lloré desconsoladamente por algún tiempo hasta que me canse y me dormí.

Ayer, veinte años después de aquella noche, también acostado sin poder dormir y también sumergido en la obscuridad, continué ese pensamiento precoz y le dí un cierre a la conclusión que había apresurado a los seis.

Cuando te morís se ve todo negro, porque los sentidos no existen en esa dimensión. Tu única guía es la imaginación que se alimenta de la creatividad con la que viviste. Si mientras viviste lo hiciste sin usar nunca la imaginación y te resignaste a usar la de otros vas a sufrir bastante el hecho de tener la eternidad por delante. La oscuridad será cada vez más profunda y te será muy difícil salir de un estado cada vez más uniforme, monótono y aburrido. Vas a sentirte por lo tanto infinitamente desdichado y miserable hasta que el arrepentimiento lo ocupe todo.

Si por el contrario viviste plenamente, jugando con las palabras, atravesándote en pensamientos y reflexiones, sumergiéndote en posturas diferentes, actuando de mil formas distintas incluso ante los mismos escenarios, cambiando de roles hasta agotar posibilidades, exprimiendo las ideas, contraponiendo virtudes, conceptos, valores, costumbres y creencias, creando y decidiendo tu propio camino, es así que entonces y solo entonces vas a poder soportar la muerte. Incluso la vas a poder soportar en vida.

Para ser sincero, vas a poder soportar la vida, tu vida, ahora mismo.

Cómo llegué a trabajar como profesional sin trabajar jamás

Qué es trabajar

Desde hace algún tiempo se está produciendo en todo el mundo un gran cambio en la forma de trabajar, pero en países subdesarrollados como los de Latinoamérica todavía es necesario ir derribando ciertos mitos y viejos paradigmas laborales que en muchos ámbitos siguen teniendo una fuerte influencia, y pueden estigmatizar a los más jóvenes que se inician en sus primeros empleos o como en mi caso, generar resistencia a darte por enterado que siendo independiente y estando en el mundo digital también se trabaja.

El estigma de trabajar o no trabajar alcanza a profesionales de ámbitos raros, o poco conocidos, pero también a empleados nuevos o a aquellos que cumplen determinadas tareas dentro de cierto tipo de empresas.

Te invito a identificar si sos o fuiste parte de una situación en la que no estabas trabajando.

1. Si sos nuevo no es trabajo

Cuando trabajaba en la empresa de mi familia existían dos sectores bien definidos. Un sector era el taller, donde se realizaba el trabajo más pesado y manual, y el otro era la oficina, en el que se atendía al público y se hacia el trabajo administrativo generalmente sentado frente a una computadora.

Sin embargo ni bien entré a trabajar a mis 19 años, y durante los primeros tres o seis meses, no pertenecía a ninguno de los dos sectores, ya que tuve que pasar por el famoso «derecho de piso«. No creo que en todos los países se diga igual pero es esto de que por ser novato o aprendiz en un determinado ámbito (en este caso una empresa), primero tenes que realizar las peores tareas, esas que nadie quiere hacer. Es ese primer momento en que no tenes objetivos definidos y todo se basa en la voluntad del presente inmediato de tu jefe o superior. No podes tener tiempo libre y no hay productividad que alcance, siempre hay alguna tarea que debes realizar.

La realidad de esta estúpida costumbre es que en las empresas chicas y medianas no hay gente encargada de estas tareas, que por cierto son totalmente dignas (en su mayoría), ya que los empleadores no están dispuestos a contratar personal específico para que las haga. El resultado es gente haciendo algo que no le gusta de forma cíclica y la desmotivación total y permanente de los nuevos empleados. Lo bueno es para el empleador, que puede pagarte una miseria porque no sos nadie y no estás haciendo nada importante o bien porque te están probando. Tampoco se toman el tiempo de comprobar tus habilidades, deseos o esperanzas previas, para intentar adaptarte a determinado sector o a determinadas tareas que generen valor para la empresa y bienestar para vos.

Otro aspecto quizás más técnico y menos fundamenta es que no existe un área dentro de estas empresas que se dedique específicamente a la capacitación de los nuevos empleados, entonces el aprendizaje sobre el flujo del trabajo y la dinámica de tareas específicas las vas incorporando de a poco, empezando por las que simplemente tenes que haber pasado un mínimo de tiempo en este planeta para poder cumplirlas correctamente.

El aspecto social también es fundamental y se trata del goce de los empleados más experimentados que lejos de intentar enseñarte o dar el ejemplo, les encanta la idea de tener un perrito que no pueda ni ladrar ni morder al que ordenarle y delegarle cosas. Por eso si estas pasando por una situación así, es importante creer en vos mismo y ganarte el respeto desde el primer día, porque siempre hay gente así en las empresas. Gente que con un poco de poder se cree la dueña de tu vida.

2. Si no hay fuerza no es trabajo

Después de ser el «che pibe» pasé a formar parte del taller donde llegué a colaborar en todas sus áreas. En el poco tiempo que dure allí ensuciándome las manos descubrí dos cosas, la primera es que no soy bueno para trabajar en un taller, y la segunda es un problema en unos huesos de la columna que desde entonces me impide hacer fuerza y deportes de alto impacto.

Gracias a ese descubrimiento «me gane» el pase a la oficina. Pero de nuevo, al escritorio que nadie quería ocupar, el de atención a  las viejas histéricas y los maleducados al público  Un nuevo sector, un nuevo derecho de piso.

Yo me llevaba muy bien con todos los del taller pero al pasar a ser oficinista hubo una especie de ruptura. En muchas ocasiones se daban conversaciones en las que los mecánicos se reían y burlaban de los que trabajábamos sentados, decían que nosotros no trabajábamos, o que así cualquiera trabajaba, o bien que eso no era trabajar. Si, así de contradictorio pero imperativo a la vez.

Algo que noté que les molestaba sobre manera era recibir órdenes, y como nosotros nos encargábamos del flujo del trabajo en el taller éramos quienes se las dábamos, por lo que ellos lo interpretaban como que el oficinista era en algún punto un superior. Supongo yo que le hecho de perder un poco de poder les generaba cierta envidia o resentimiento, y la verdad era que ellos tenían un sueldo muy superior al mío.

Saliéndonos de la empresa donde trabajé y de todos los clones que andan por ahí, hablando en términos sociales, la realidad es que para una gran cantidad de gente, si no te ensucias las manos, si no son muchas horas, sin no representa un sacrificio o si no haces fuerza, entonces NO estas trabajando. O lo que es lo mismo, aquellos que sí cumplen con eso, son trabajadores con mayúsculas. Pero yo creo que todo se remite a la siguiente frase:

Lo importante no es lo que hagas, si no cómo lo hagas

Habrá trabajos más pesados que otros, más automáticos que otros, más placenteros que otros pero todos son trabajos. Desde ese punto de vista muchos trabajos intelectuales son más físicos y desgastantes que muchos que son manuales. Y muchos trabajos automatizados son más estresantes que muchos trabajos creativos.

Creo que es momento de romper con este otro paradigma tomándote en serio y con responsabilidad cualquier trabajo que estés realizando.

3. Si es intelectual no es trabajo

Un día quise pedir un aumento porque me habían dado una nueva tarea, la verdad es que, si bien me recortaba el tiempo para el resto de tareas que tenía para hacer en la oficina, me alcanzaba el tiempo para hacer todo. Pero el aumento lo pedía porque consideraba que la tarea era un trabajo intelectual de gran responsabilidad y que merecía hacerse de la mejor manera con mucha atención y esmero. Y realmente lo era, era una tarea que de hacerla mal podrían multar a la empresa por miles de pesos o incluso inhabilitar sus actividades.

Ese día no sólo no logré el aumento si no que casi me despiden. Más tarde entendí que en las empresas, cuando uno es un simple empleado, goza de tener una institución (o varias) que lo sostienen. Podría haber aceptado la tarea, ganar lo mismo, hacerla a desgano o sin compromiso, podría haber salido algo mal, haber habido un problema muy grande, pero en ningún caso yo hubiera respondido por ello si no la empresa. De todas formas no pasó nada porque tampoco acepte el trabajo extra.

Yo tomaba cada cosa que hacía en la empresa como si fuera para mí, pero lejos de saberlo valorar (y reconocer) casi me despiden. Ellos no solo no podían ver ese compromiso si no tampoco diferenciar un trabajo físico de uno intelectual de uno automático.

4. Si te gusta no es trabajo

Aún hoy me pasa de sentir a veces la sensación que me acompañó durante los primeros años como Diseñador Web, esa de no sentir estar trabajando y por consiguiente de no poder comunicar concretamente lo que estaba haciendo.

Primero el hecho se derivaba simplemente por estar delante de una computadora pero no en una oficina de X empresa, si no en mi habitación en la casa de mis padres. En ese entonces la computadora era un sinónimo de televisión, de entretenimiento carente de utilidad.

Muchas veces sentí pudor cuando iba a decir que me gustaba lo que hacía, que había disfrutado hacer determinado trabajo o que me emocionaba tener un nuevo proyecto por delante. Uno está acostumbrado a escuchar sólo quejas de los trabajos tradicionales y es difícil decir estas cosas sin que el otro crea que en realidad lo que queremos es refregarle nuestro goce cotidiano.

Volviendo a la empresa, poco a poco había ido incorporando a mis tareas, algunas ligadas con lo que realmente me gustaba hacer y que hasta entonces sólo era un hobbie: comunicar. Empecé a través del diseño gráfico, por lo que me puse al hombro la tarea de re-diseñar toda la papelería de la empresa, luego seguí con las publicidades en los medios y concluí con el sitio web.

Generé un valor incalculable para la empresa, que aún hoy es utilizado y que genera muchos beneficios. Pero en ese momento era chico… y eso era un hobbie no un trabajo (por eso me gustaba) y por eso, bueno, nunca me pagaron.

5. Si no es tangible no es trabajo

Este punto comienza una vez que abandoné la empresa y me convertí en un trabajador independiente, continuó durante el proceso de convertirme en profesional web, y hasta el día de hoy muchas veces todavía me afecta.

Con el trabajo digital sucede algo como lo que vemos a diario en las redes sociales cuando la gente no puede evitar compartir ciertas cosas casi sin pensar solo para tangibilizar sus emociones, solo que a la inversa. Resulta que para el mundo «real» yo no tengo nada que mostrar. No voy a una oficina a trabajar, no me tengo que vestir de una forma particular, ni siquiera dependo de otras personas para hacer mi trabajo. Las herramientas que utilizo son a simple vista las mismas que tiene muchísima gente, una computadora, un celular, un cuaderno y no mucho más.

A esto hay que sumarle que una vez puesto del lado que menos se entiende, una vez elegida la carrera más trasgresora, nueva o desconocida, uno se enfrenta no solo con el problema de la falta de tradición y de instituciones que lo apoyen, si no también y en un mismo plano con la imposibilidad de tangibilizar su trabajo o su éxito. Sobre todo si el trabajo es netamente digital.

Si bien el trabajo existe dentro mundo digital y de hecho podemos ver como cientos de personas que se beneficiaron de este mundo e incluso surgieron gracias a lo digital, en el mundo «real» uno se enfrenta a la imposibilidad de que su entorno menos tecnológico entiendan de qué va tu trabajo.

Entonces tus padres y amigos no puede discernir si lo que haces es bueno o malo, tampoco si te está yendo bien o mal, tampoco pueden aconsejarte en nada porque no comprenden nada ya que no tienen historias previas y tampoco con qué comparar.

Los demás no saben cómo tratar lo que les contás o cómo reaccionar, ni siquiera saben si deben reaccionar a las palabras que estas conectando. Es algo que no les pertenece ni de lo cual nunca habían escuchado. Es entonces cuando toman una decisión: ignorarlo.

Luego de sentirme ignorado cientos de veces opté por ignorarme a mí mismo, opté por el silencio y sucedió algo increíble.

Si me pongo en la piel de los demás y repaso mi relación con mucha gente, deben creer que no trabajo, que nunca trabajé o que alguien me mantiene. Al existir tanta ignorancia alrededor de mi trabajo es como si este se anulase y con él todos mis éxitos y fracasos. Es de esta reflexión que surgió el título de este post, porque es gracioso pero refleja bastante bien esta situación.

Algo que aprendí luego de entender esto es que uno debe juntarse con la gente que tiene tus mismo intereses y con la cual puedas compartir tus experiencias. Personas y grupos que puedan valorar y criticar tu trabajo e incluso aconsejarte y guiarte. Por eso si trabajas de forma independiente y en el mundo digital estás en el lugar adecuado.

 

 

Con esto termina mi repaso de lo que para mí, a esta altura de la historia de la humanidad y con la actitud correcta, sólo deberían ser mitos o al menos viejos paradigmas laborales. ¿Tuviste experiencias similares? ¿Sentiste en algún momento algo cómo lo que relaté?

¿Es hora de rediseñar tu Sitio Web?

Es hora de rediseñar tu sitio web

La pregunta por rediseñar tu Sitio Web, es una pregunta que, como dueño de un sitio web, deberías hacerte cada cierto tiempo. Al ritmo que avanza la web y la forma de hacer negocios a través de ella, diría que uno debería plantearse la posibilidad todos los años sin excepción.

Si tu sitio se parece al ejemplo de la foto o internamente sabes que lo tenes que hacer, no sigas leyendo, mejor escribime ahora mismo. Pero si por el contrario ni lo habías pensado, dudas o incluso crees que no tenes que hacerlo, te invito a que realices las siguientes comprobaciones para tomar la decisión correcta sobre rediseñar tu sitio web.

Antigüedad

Esta es la comprobación más fácil de hacer, simplemente si tu sitio tiene algunos años de antigüedad dudo que haya resistido al cambio, puede que tu marca e identidad sí lo hayan hecho, pero dudo mucho que tu web siga respetado los estándares, siga las ultimas tendencias de experiencia e interacción de usuario, y que brinde las soluciones que debería o de la mejor manera disponible en la actualidad.

Un sitio viejo y abandonado brinda una mala experiencia para los usuarios que van a salir corriendo de allí y no lo van a recomendar jamás. La forma en la que se presenta el contenido también cambió muchísimo, así que deberías preguntarte si se puede aprovechar mejor el contenido que ya existe, o si se podría incluir contenido multimedia.

Ejemplos de sitios antiguos hay muchos, sitios diseñados en flash, con tablas, que no se adaptan a dispositivos móviles, que no tienen ninguna funcionalidad o propósito, etc.

Contenido

Actualmente el contenido es el rey y está por sobre todas las cosas. Entonces deberías preguntarte si el contenido de tu sitio está actualizado, si no deberías agregar o quitar algo. Si realmente refleja la identidad de tu empresa o contiene solamente textos e imágenes genéricas que no dicen nada.

Si no tenes un apartado de novedades (blog) deberías tenerlo, si ya lo tenes, ¿Cada cuánto publicas y por qué? ¿Qué tipo de contenido y por qué? ¿Con qué objetivo? Para tener un blog que cumpla una función es necesario tener una respuesta concreta a todas esas preguntas.

A su vez, ¿Distribuis el contenido de tu web? ¿Permitís que se comparta? ¿De qué manera y a través de que medios? Tu sitio web debería ser parte de una estrategia de marketing más grande.

El contenido es lo principal y a su vez lo más difícil de definir y elaborar. El contenido no se trata de sentarte 10 minutos a escribir la historia del negocio, es muchísimo más que eso. Es cómo vendes tus productos y servicios, es cómo los haces sentir a los usuarios y es lo que va a definir si te eligen a vos o a otro.

Posicionamiento en buscadores

Es radical como se puede mejorar el posicionamiento con un rediseño. Incluso sin que sea completo, mejorando cada aspecto del sitio y aplicando las técnicas correctas, es posible hacer elevar un sitio web hasta la primera posición de Google.

También puede pasar que en un primer momento se estaba bien posicionado y de pronto haya sido superado por la competencia. Entonces habrá que ver qué cambio o qué movimiento realizo la competencia y tomar las medidas necesarias.

El SEO es un aspecto fundamental para que tu sitio gane tráfico de calidad, trafico que luego puede convertirse en una mayor cantidad de consultas o ventas. De base, un sitio web que no está mínimamente optimizado para estar correctamente indexado y llevarse bien con los buscadores, está completamente excluido del mapa.

No cumple con un objetivo concreto

Como comenté en un post anterior en donde enumeré 7 cosas a tener en cuenta antes de tener tu sitio web, muchas veces se crean sitios solo porque sí o porque no se puede no tener. Pero en ningún momento ni los dueños de la empresa ni los desarrolladores se sentaron a preguntarse para qué tenerlo.

Si este es tu caso es muy probable que tu sitio web no cumpla con un objetivo claro. El típico sitio institucional o corporativo no sirve más que para encontrar el teléfono de la empresa, lo que se puede hacer seguramente incluso más rápido desde una búsqueda en google a través de una guía online.

Yo soy de los que creen que a todos los sitios de cualquier negocio se le puede dar una vuelta de tuerca, incluso si lo único que queremos es que nos llamen. Definir y lograr un objetivo concreto es parte de un buen proceso de diseño.

No se adapta a dispositivos móviles

Este es el aspecto más claro, si en el 2016 tu sitio no se adapta a dispositivos móviles, y cuando digo dispositivos móviles me refiero a todos ellos, entonces tenes que rediseñarlo urgente. Esto es así porque la cantidad de usuarios que utilizan la web desde dispositivos móviles ya superó a los que lo hacen desde equipos de escritorio. Y como consejo, y aunque no se aplique en todos los casos, conviene diseñar un sitio web responsive (un mismo diseño que se adapta a todas las resoluciones), no una versión móvil separada de la versión de escritorio.

Por si fuera poco, este punto afecta también al posicionamiento en buscadores, tal cual lo anuncio Google en Abril del año pasado y volvió a confirmarlo el pasado Marzo.

 

Conclusión

Rediseñar un sitio web no es una tarea fácil, pero es fundamental para mantener tu presencia online actualizada y seguir siendo competitivo para no perder terreno frente a la competencia y poder brindar la mejor de las experiencias a tus clientes.

Lo cierto es que a la velocidad que avanza el diseño y el desarrollo web así como la tecnología en general, hace que un sitio web pueda volverse obsoleto el mismo día en el que fue lanzado si no fue realizado por un profesional actualizado en la materia.

Si verificaste que tu sitio web merece un rediseño, no dudes en escribirme. Por otra parte ¿Crees que hay algún otro factor fundamental a la hora de rediseñar un sitio web?

Sobre la identidad: ¿hoy ya recortaste tu vida?

Recorte de mi vida

La identidad de una persona, un profesional o una empresa no se construye de un día para el otro, no se trata solo de lo que se ve, y tampoco depende 100% de uno mismo. Cada cosa que hacemos y no hacemos, cada cosa que decimos y cómo lo decimos, cada actitud, cada gesto, cada paso que damos cuenta.

En este sentido algo muy importante es cómo nos mostramos frente a los demás en nuestro día a día y qué es lo que les comunicamos. Es bastante frecuente encontrarnos con dos tipos de personas que suelen dar respuestas muy diferentes a la hora de responder cómo están o qué es de su vida:

  • Los optimistas: quienes nos cuentan que todo está genial y que incluso al contar algo normal, su estado de ánimo lo hace parecer realmente muy bueno.
  • Los pesimistas: quienes nos cuentan que todo está horrible y que incluso al contar algo normal, su estado de ánimo lo hace parecer realmente muy malo.

Yo conozco una persona a la cual siempre que se le pregunte dirá que le va mal o te contará su último problema de turno. Es más, si él llega a decir que está «bien» lo hace acompañado de una cara y una actitud que deja a las claras que no lo está, como para que se le re-pregunte y entonces sí vomitar todas sus desgracias.

Creo que es bastante obvio que a todos nos pasan cosas buenas y malas pero lo que quiero retratar con estas categorías de respuestas es que, cuando de tu identidad se refiere y por lo tanto también de la imagen que los demás perciben de vos, mucho se trata de cuál es el recorte que vos mismo haces de tu propia vida.

Una identidad de película

Imaginemos que nuestro protagonista sufre permanentemente de migrañas o algún otro dolor o trastorno físico de forma crónica. Es una persona que a pesar de ello tiene como todo mortal días buenos y días malos, hace cosas geniales y cosas terribles, así que veamos cómo podría construir su identidad dependiendo de cómo recorta su realidad:

Él podría comunicar sus dolores permanentemente a quien tenga al lado y podría quejarse de todo en lo que le afecta negativamente. La gente entonces sabría de su problema, para nadie sería un misterio y al margen de sentir pena o compasión, lo tomarían como alguien frecuentemente indispuesto, lamentablemente muy limitado para ciertas tareas debido a sus problemas, y como a una persona que tiene muchas dificultades para lograr lo que quiere.

Pero él también podría hablar muy poco de sus problemas, o contar eventualmente, que a pesar de sentir ciertos dolores físicos (quizás atenuando sus síntomas), pudo lograr tal o cual tarea, cosa que lo llena de orgullo o al menos lo hace sentir muy bien mentalmente. En este caso no todo el mundo sabría de su problema y probablemente se enteren de su difícil realidad únicamente por medio de terceros, lo que enaltecería cada tarea realizada por esta persona y de hecho le daría más valor y se apreciaría su actitud.

Mientras que en el primer ejemplo hace de su problema una discapacidad, en el segundo lo convierte en un valor. Mientras que en el primero hace de su problema una condición, en el segundo lo toma como un punto de partida.

Seguramente conoces a alguien que frente a las adversidades se comunique de alguna de estas dos formas. Incluso cientos de películas se basan en historias como el segundo ejemplo.

De una forma similar funciona todo lo que nos pasa en nuestras vidas. Cada uno vive con alguna adversidad o dificultad, algunas son más obvias otras no tanto, algunas no dependen de uno mismo o tienen que ver con nuestro entorno, y otras surgieron por accidentes, pero por fuera de todo eso, siempre tendremos la oportunidad de recortar nuestra vida.

Esto tampoco se trata de no permitirte tu momento de pataleo frente al universo o de no llorar cuando así lo sientas aunque parezca no haber motivos, o que, como suele pasar, muestres en las redes sociales tu súper vida cuando en realidad no disfrutas ni un solo momento de los que trascurren.

A lo que me refiero con toda esta reflexión es que la próxima vez, hagas el ejercicio de prestar atención cuando te pregunten ¿Y que es de tu vida? o ¿Y qué haces de tu vida?, incluso con un simple ¿Cómo estas? ¿Cómo fue tu día? También podrías intentar escribir una pequeña autobiografía, para al finalizar poder pensar en qué cosas te detuviste y en cuales no, qué cosas preferiste contar y cuales ocultar y la causa de eso.

El resultado no será saber si sos pesimista u optimista si no que vas a poder analizar qué y cómo comunicas. Vas a reconocerte o no en tu propia vida, tu recorte va a coincidir o no con tu realidad y con lo que sentís que te pasa. Vas a lograr identificarte o vas a sentir que es la vida de otro. Ya sea por comunicar mal, lo que sería una buena noticia ya que se trataría solo de pulir el mensaje, o por realmente no haber logrado lo que deseabas.

A mi entender, la identidad personal y profesional van de la mano, por lo tanto el recorte que hagas de tu vida a cada momento se transforma en la huella que dejas para los que vienen detrás tuyo y quieren conocerte. Ellos también tendrán la oportunidad de reconocer o no tu identidad.

La huella no te garantiza que le caigas bien a todo el mundo o que todo el mundo te crea exitoso o buena persona, simplemente marca un camino y funciona de guía. Cuando alguien piense en vos o te tenga en frente, sabrán por dónde empezar, ya sabrán qué percibir y cómo responder.

Por eso no creo que quieras ir dejando por ahí una huella pesada, que sea para los demás predeciblemente negativa, o lo que es igual de malo, completamente monótona. No querrás que ni bien te tengan a la vista te vean como una persona con una nubecita con lluvia por encima de la cabeza, y tampoco que te respondan por compromiso o compasión que todo va a estar bien o que ya va a pasar.

Por lo general hay una regla de oro para identificar a esta gente y para no convertirte en una de ese tipo, es la gente que se le pasa el tiempo volando, que cree que el 2010 fue ayer y que no puede creer que ya haya pasado un año. También lo es la persona que te cuenta que lo único que esperaba era llegar a la casa después de su trabajo, la que lo que más espera en la semana es el fin de semana, o peor, la que lo único que espera del año son las vacaciones.

Puede que suene exagerado pero la realidad permanentemente es recortada por todos en todo momento. Por lo tanto sí importa lo qué recortamos y cómo lo hacemos. El recorte que nosotros hacemos va generando una imagen, si esa imagen no se parece en nada a lo que crees que es tu identidad es probable que estés comunicando mal o bien que ni te habías enterado que tenías una.

¿Entonces se trata de fingir?

No, para nada.

Tu identidad no se trata de mentir ni de fingir lo que no sos o lo que no te pasa, se trata justamente de poder escribir lo que te gustaría escribir, o mejor dicho, se trata de disfrutar la lectura de algo ya escrito porque eso era justamente lo que esperabas escribir.

Entender que nos guste o no tenemos una identidad, nos genera conciencia de ella y hace que estemos más pendientes sobre la huella que queremos dejar detrás nuestro. Esa huella por la cual también nos gustaría que la gente que nos sigue llegue a nosotros.

Pensá en el recorte que se puede hacer solamente del día de hoy o de ayer. ¿Podes hacer un recorte? ¿Da lo mismo que lo hagas o no? ¿Te sentís bien con ese recorte?

¿Emprendedor o freelance? Esa es la cuestión

Emprendedor o Freelance

Publico mi última entrada antes de viajar por un par de semanas a Brasil. Voy a visitar por tercera vez Angra dos Reis para intentar particularmente recorrer Isla Grande haciendo muchos trekkings 🙂 . Y luego iré a Buzios por cuarta vez en mi vida, creo que nunca me voy a cansar de tomar algo en ese hermoso centrito que tiene mirando el mar.

Nos vemos a la vuelta.

 

Últimamente me está costando encontrar una única definición para mi situación laboral y veo que a otros colegas les pasa lo mismo. ¿Soy emprendedor o freelance? ¿Soy las dos cosas? ¿Cuál de las dos tiene más peso? ¿Con cuál de los dos términos me identifico más?

Creo que antes de responder estas preguntas habría que pensar algo previamente. ¿Son tan distintos como parece?

Similitudes entre un freelance y un emprendedor

Por experiencia propia sé que ser freelance o emprendedor es un viaje de ida como decimos en Argentina. Es algo sin retorno, nunca más se vuelve a pensar de la misma forma cuando uno se embarca en estas experiencias. No significa que no vuelvas a trabajar a un McDonal’s o que no tengas que pedir plata prestada nunca más. Se trata de que nunca vas a ver al mundo y a tus propias acciones de la misma manera.

Para comenzar con un negocio de cualquiera de las dos maneras lo que se necesita es motivación, convicción, un altísimo nivel de compromiso y una gran fuerza de voluntad.

Además en ambos casos, por lo menos en los primeros años, vas a trabajar muchísimo, incluso más que trabajando como dependiente. De ahí la importancia de hacer algo que te guste y que con ello creas que verdaderamente estas aportando valor.

En los dos casos vas a tener que tirar muchas paredes abajo y remar contra la corriente, esquivar malos comentarios, desestimar criticas sin fundamento y creer en vos más que nunca porque nadie va a impulsarte a creer en vos mismo lo suficiente e incluso pueden ignorarte por completo a vos y a tu negocio. Puede que nadie entienda no por qué haces lo que haces, si no qué es exactamente lo que haces.

Ser emprendedor o freelance supone un desafío en términos laborales pero también en términos personales al mismo nivel de exigencia. No por nada hay tanto material sobre desarrollo personal y auto-educación alrededor de estos términos. No se trata de un mal día en el trabajo, se trata de un mal día en tu vida. No se trata de un trabajo nuevo que va a llevar tiempo, se trata de un desafío que va a llevar tiempo de tu vida.

La vida y el trabajo no son cosas distintas, pasan a ser una misma cosa, se funden y conviven. Se potencian mutuamente y si se hace correctamente y con convicción, se disfruta todo. Ya no se está esperando a que termine la jornada, o la semana, o que lleguen las vacaciones, o el año que viene, o el feriado largo o la próxima vida en la cual vas a reencarnar en pájaro. Simplemente se vive plenamente lo laboral y lo personal, todo se rodea de la misma emoción, todo tiene la misma capacidad de ser disfrutable.

Lo más hermoso que comparten es que todo lo que trabajes, fracases o tengas éxito, todo va a sumar en tu propia vida y para tu propia persona o entorno. Todo nace de vos y vuelve a vos permanentemente.

Diferencias de ser emprendedor o freelance

Pero tal y como resume esta infografía de blog&lana, ser emprendedor o ser freelance no es lo mismo, existen importantes diferencias que moldean la vida de las personas de forma diferente.

Si bien ambos se centran en crear un negocio propio y generar ingresos, el freelance no siempre apunta a crear ingresos pasivos ya que por lo general cobra por hora o por proyecto, mientras que el emprendedor siempre apunta a generar ingresos pasivos y dependiendo de la forma en la que lo haga creará una empresa o una startup.

El emprendedor va a crear una empresa con empleados, pueden ser cientos o como en el caso de una startup pueden ser solo una decena. El freelance por lo general trabaja solo y en un punto de madurez, cuenta con el soporte de un equipo que lo pueda ayudar en determinados proyectos.

Siendo emprendedor ya no se trata solo de trabajar en equipo, de colaborar. Se trata de gestionar equipos y proyectos a la vez, de saber delegar. Se trata de ser líder y guía de un proyecto por lo general innovador y ambicioso.

El profesional independiente puede conformarse con lo justo para vivir, con lo que a él le alcance para vivir y quiera ganar. El freelance tiene la posibilidad de moverse con mucha facilidad entre proyectos y también entre sus propias tareas y habilidades.

El emprendedor por el contrario y de base, tiene un socio por lo general como mínimo, está permanentemente relacionándose y esas relaciones son la base de su empresa. No puede conformarse con poco ya que los ingresos no son solo para él, supone una administración más compleja y debe pensar en grande. Además no le resulta tan fácil abandonar su proyecto ni dejarlo de lado por un tiempo ya que si es uno de los fundadores o socios, esto haría que todo se desmorone.

¿Se puede ser las dos cosas?

Se puede, para ello es necesario crear negocios completamente automatizados o que requieran un mínimo de atención, y mientras tanto seguir trabajando como independiente. No es imposible, aunque requiere de un esfuerzo mental interesante y es muy difícil que no descuides alguno de los dos frentes en algún momento.

Aunque si no te consideras una persona ambiciosa, si no crees tener capacidades de liderazgo, si no crees que puedas adquirir las habilidades necesarias para llevar adelante un negocio, si no te gusta relacionarte demasiado ni tenes ganas de llevar relaciones laborales de peso, entonces no vas a poder ser un emprendedor.

Y tampoco freelance 😉

Quizás en definitiva lo único que diferencie a unos de otros es el tipo o la forma de crear los negocios y de llevar las relaciones, por lo demás, tienen muchos genes en común y sobre todo el de la libertad.

Minimalismo aplicado para vivir más liviano

Minimalismo aplicado

¿Minimalismo? Desde que leí por primera vez sobre desprenderse de las cosas, y si bien al principio lo hice tímidamente, no paré de dejar a un lado todo lo que pude. Y me refiero a cosas en general porque a pesar de lo que parece a primera vista, no se trata sólo de lo material.

Tener solo las cosas esenciales a nivel personal y laboral nos permite enfocar nuestros recursos en lo que verdaderamente importa y en los objetivos que verdaderamente queremos lograr.

Pero, ¿por qué me parece importante hablar sobre el minimalismo? ¿Por qué existe todo un movimiento basado en esta premisa y por qué lo recomiendo? Creo que es un concepto que tiene que ver con la vida de todo freelance o emprendedor digital, ya que si tenemos una cualidad es que podemos movernos a donde querramos y que por ello resulta atractivo hacerlo de la manera más eficiente y cómoda posible. En conjunto, creo que conforma una nueva visión que se está dando en todo el mundo completamente opuesta al consumismo desenfrenado y sin sentido de las sociedades capitalistas desarrolladas.

Al igual que no se puede correr con cosas en las manos o llevando una mochila pesada, no se puede tampoco ir libre por la vida, viviendo donde uno quiera y haciendo lo que uno quiera cuando tenga ganas si se debe arrastrar miles de cosas que no son esenciales para realizar plenamente las actividades que deseamos.

Pero antes de empezar a desprendernos de las cosas tenemos que desprendernos de ciertos conceptos que conforman nuestro sistema de creencias, por eso es importante preguntarnos en profundidad por qué las tenemos y las seguimos almacenando durante tanto tiempo.

¿Por qué guardamos cosas?

La vieja escuela

Si hay un factor que veo en común entre la gente mayor es, ante todo, la de acumular objetos. Sin importar de qué clase social sean, ellos se rodean de objetos completamente inútiles, obsoletos o innecesarios. Incluso podrán notar en sus casas una habitación o un apartado donde depositan cientos de objetos de todas las épocas, donde no te sorprendería encontrar restos de madera bastante deteriorados de un antiguo mueble de hace cincuenta años, que se guardan porque es de un material del cual «ahora no se hacen más» y ya que fundamentalmente «uno nunca sabe cuando puedan servir».

Muchas personas jóvenes tienen todavía la costumbre (consciente o no) de sus padres o abuelos, que guardaban todo «por las dudas». Y la costumbre también de que algo nunca es suficientemente viejo, y que siempre se puede reutilizar incluso para otro fin que no necesariamente debe ser para el que originalmente fueron creados dichos objetos.

Pero a mi entender, y por experiencia propia, se puede rebatir fácilmente este comportamiento. Para empezar se debe tener el lugar que quizás no nos sobra o no tenemos o que podríamos usar para otra cosa, o del que simplemente podemos olvidarnos si no lo usáramos para acumular. Una habitación o área llena de cosas es más difícil de mantener y menos útil que una vacía.

Además suele suceder que cuando se necesita algo de verdad sea lo que sea, va y se compra nuevo, incluso un repuesto o una parte insignificante para armar algo. Nunca o muy pocas veces la gente recuerda lo que tiene guardado para esa ocasión en que lo necesite. Para completar el marco de situación, los objetos como los electrónicos ya no están pensados para ser reparados, si no para cambiarlos por unos nuevos, la idea de su sustentabilidad hoy no pasa tanto en que duren cien años, si no que en el tiempo que duren consuman la menor energía posible, y que de ser posible sea reciclables.

A mi la sensacion de «por las dudas» o «para usar sí lo necesito» no me pasa tanto con objetos físicos pero sí que me pasa mucho con la información. Guardaba hasta hace poco, el 60% de la información que consumía porque creía que podía servirme para hacer tal o cual trabajo en el futuro. Por alguna razón pasaba por alto el hecho de que nunca haría dicho trabajo, y que llegado al caso siempre googleaba nuevamente, como si no tuviera nada guardado y muchas veces, por no decir todas, directamente me olvidaba de lo que había almacenado. La información hoy por hoy abunda y también se recicla.

Nuestra identidad

Si tenes una guitarra porque hace algunos años habías empezado a tomar clases pero ahora lo único que hace es juntar polvo entre las cuerdas, probablemente la guardes para recordar ese momento de exploración y de emoción que brinda el aprendizaje de un instrumento musical. Pero también lo haces probablemente para decirle a los demás «mirá, tengo una guitarra así que eso me hace guitarrista, buena onda, o al menos, amante de la música«. La guitarra es eso que queres o quisiste ser, o bien eso que queres expresar que sos, o que los demás piensen de vos.

A mi me pasaba con las cosas de moto que tenía. Desde el 2013, año en el que vendí la moto luego de un importante accidente, me había quedado con todo tipo de objetos relacionados con las motos. Realmente muchas cosas como accesorios y repuestos para la moto (en realidad para incluso más de un modelo de moto), indumentaria para vestirme de pies a cabeza, y objetos relacionados con el viajar en moto. Por supuesto que al no tener el vehículo nada de eso me servia y no tenía sentido conservar nada, pero al ser cosas que valoraba y en muchos casos costosas, que en su momento me habían costado tanto adquirir y que cuidé durante tanto tiempo, me era difícil pensar en desprenderme así como así.

Y eso tampoco era lo peor. El punto es que lo peor fue darme cuenta de que ya no era más un motociclista, ni un viajero motoquero. No quería aceptarlo y vivía con la esperanza de que dentro de X tiempo volvería a tener una moto, mi hobbie y mis emociones. Como el amigo con la guitarra que piensa que en X tiempo va a realmente dedicarse a aprender y de una vez ser un buen guitarrista reconocido aunque más no sea por sus amigos, yo también no quería ver que si bien no es imposible que en un futuro vuelva a tener una moto, no iba a pasar en lo pronto porque de hecho así lo había decidido.

Por supuesto que hoy puedo escribirlo fácilmente porque pasé por el proceso de caer en la cuenta lentamente y porque ya no me queda nada de todo eso. También porque entendí que el no tener esas cosas no me quita las experiencias y emociones que viví con ellas. ¿Estas seguro de que no guardas nada por este motivo? ¿No hay algo que debas aceptar y dejar ir?

La construcción de tu identidad debería estar dada por lo qué haces y por cómo lo haces, no por tus cosas. Realmente las cosas puede que le digan a tu mamá lo que haces o lo que te gusta, pero de ninguna manera conforma tu identidad. Y mucho menos lo que comunicas y la imagen que los demás se hacen de vos. A no confundir estatus o estilo con identidad.

Los recuerdos

El ultimo factor clave es el emocional. Seguramente tenes tu caja de recuerdos, que cuando la abrís podes volver a un momento determinado y revivir, aunque sea en parte, una determinada emoción. Creo que hasta el más minimalista de todos debe tener su objeto/recuerdo por ahí.

Yo tengo una memoria bastante mala, por lo que tiendo a acumular recuerdos, como las fotografías. Pero particularmente me pasó con cientos de objetos que había ido juntando y coleccionando en mi época de fanático del Club Estudiantes de La Plata (club de fútbol de la ciudad donde vivo). Fueron 10 años de muchísimos momentos y emociones, compartidos con amigos y familiares y en todo ese tiempo en el que me involucre en el club de todas las formas que se te puedan ocurrir, pero que ahora ya nada queda de mi fanatismo. En todo ese tiempo fui guardando cosas primero por sentir un fuerte orgullo de los logros que la institución iba obteniendo, luego los guardaba para poder compartirlos, y finalmente para poder recordarlos o simplemente por inercia porque ya los tenia.

Este es quizás el factor que más peso tiene a la hora de deshacerse de algo ya que tiene un carácter útil en cierta forma, que es el de volver a hacernos sentir bien, o al menos rememorar un momento o situación en la que fuimos felices o en el que nos sentimos orgullosos. A veces es mejor leer un diario viejo donde se cita una épica victoria de tu club favorito, que ponerte a ver los últimos asesinatos del día en la televisión.

Así y todo creo que hay que ser lo más distante posible con estas cosas para valorar realmente cuales son las de más peso y las que verdaderamente nos hacen volver o nos motivan a continuar, para conservarlas incluso mejor si es el caso.

Diferentes peceras

¿Por dónde empezar?

Una buena oportunidad para empezar a ser minimalista es, como le sucedió a Sergio de Sé Leyenda, ante una mudanza, sobre todo si se pasa a vivir en un lugar más chico. Otra buena oportunidad es ante un viaje de larga duración (mínimo de 1 a 3 meses), donde es inevitable llevarnos lo esencial y donde al final del mismo podremos evaluar qué utilizamos y qué no.

En mi caso empecé hace justo un año después de leer este gran post de Super Hábitos. Principalmente comencé por aquellas cosas que estaba clarísimo no necesitaba, que incluso no solo no utilizaba si no que ya ni veía al pasarles por al lado. En esta lista había adornos obsoletos, objetos que hacían de adornos, papeles, revistas y todo tipo de impresos guardados en cajas, cajones y carpetas ocultas debajo de más carpetas, ropa que jamás usaba o que vestía solo en casa, objetos prestados y electrónica obsoleta de la década pasada.

En muchos casos directamente tiré las cosas. En otros vendí los objetos que podían darme una buena cantidad de dinero y que no estaba utilizando o ya no me interesaban. También regale todos aquellos cuyo valor no representaba una ganancia importante y que a su vez sabía que otra persona lo podía aprovechar mejor o lo deseaba más que yo. Y doné los de valor intelectual o conmemorativo a instituciones donde pueda ser compartido con más personas y le den un trato más especial del que yo podía.

La regla principal que seguí fue no dilatar el desprendimiento, si algo no lo podía tirar lo ponía a la venta, pero si no lo podía vender en el corto plazo, lo regalaba o lo donaba. Tenía que ser simple y rápido, ya que de lo contrario sabía que iba a dejarlo en un costado para luego olvidarlo y nuevamente pasar a acumularlo sin sentido.

Desprendimiento digital

Luego continué por los objetos digitales (si, estos también cuentan) donde almaceno muchas cosas personales y en el caso de lo laboral el 99% del material de trabajo. Tenía dos computadoras casi llenas, un disco externo de 1TB de backup repleto y dos discos rígidos y decenas de CDs con archivos de todo tipo. Descarté mucho, me quedé solo con el disco externo y lo laboral lo subí a la nube luego de un profundo filtrado para sincronizarlo cuando resulta necesario entre la computadora de escritorio, la notebook y los dispositivos móviles.

Me deshice de archivos de texto, hojas de calculo, imágenes y carpetas enteras, pero también de mucha información. Borré miles de favoritos, me desuscribí del 80% de las listas de correo, prescindí de la mayoría de las fuentes de blogs y recursos, grupos, foros, redes y perfiles sociales para participar sólo en las que más me interesan o me dan alguna satisfacción. Simplifique los programas de gestión, las cientos de tareas, los borradores y anotaciones, y un largo etcétera de información.

Considero que para mí la parte digital fue y sigue siendo incluso más complicada que lo físico a la hora de desprenderme, sobre todo porque parece que no ocupar lugar y que justamente por mi profesión, siempre me será de utilidad. Pero por este motivo es que ocupan lugar de todas maneras, no en el disco, pero sí en mi cabeza, y por eso debo prestar más atención y cuidado con lo que acumulo de forma digital.

Una vez que se empieza hay que tener en claro una cosa, el desprendimiento es como la dieta: no puede hacerse una vez y nunca más, o una vez al año para volver a acumular un montón de cosas durante los 11 meses siguientes, si no que se debe hacer permanentemente e incluso antes de adquirir algo. Antes de la próxima compra preguntate si de verdad tiene utilidad, valor y sentido el poseerlo.

Tener menos cosas a nuestro alrededor, en nuestros cajones y en la mochila, reduce muchísimo el tiempo que gastamos pensando en ellas o en tareas relacionadas con ellas, muchas veces ligadas a su mantenimiento, conservación o seguridad. En muchos casos no sólo ganamos tranquilidad y tiempo, si no que también ahorramos dinero.

Como ves, no solo se trata de desprendernos de cosas si no también de malos hábitos, de costumbres familiares y creencias culturales. Si logramos tener sólo lo esencial podemos andar mucho más livianos para vivir cada momento de forma más plena y enfocada. Las cosas que tenemos son nuestra responsabilidad, son parte de nuestras vidas y es nuestra decisión conservarlas o desprendernos de ellas.  ¿Ya viste cuánta ropa tenes en el armario?

Lo que me dejó este 2015

2015

Un nuevo año llegó a su fin, y hoy dediqué buena parte del día a mirar fotos de los acontecimientos que sucedieron durante estos doce meses para poder armar nuevamente este post a modo de flashback y lograr que lo que me dejó este 2015 quede inmortalizado.

No creo que sea necesario para todos hacer una reflexión sobre lo que pasó durante el año, o ponerse a hacer balances o comparaciones, pero a mí me gusta simplemente recordar ya que tengo una memoria muy mala y tomarme un momento para recordar me resulta agradable.

Este año para mí estuvo cargado de eventos importantes, de mucho entretenimiento, de recuperación y conciencia física, de madures emocional, de grandes proyectos, de mucho trabajo (literalmente el año con más trabajo desde que empecé como freelance), y de unos cuantos logros importantes a nivel personal y profesional.

Sin más preámbulos, mi 2015:

Enero

enero-2015

– Empecé el año nuevo en medio de la ruta, viajando hacia el suroeste de la Argentina, donde estuve de vacaciones junto con mi novia recorriendo Neuquén y Río Negro.

– Conocí el Jardín Japones y el Barrio Chino en CABA.

– Realicé el quinto re-diseño de mi marca personal, pero esta vez me quedó muy bien y sé que perdurará por mucho tiempo.

Febrero

febrero-2015

– Gracias a un regalo de mi novia asistí por primera vez a una fiesta electrónica y qué fiesta, nada más ni nada menos que la Ultra Music Festival. Los dos días que más bailé en mi vida.

– Salimos varias veces a navegar por el Río de La Plata en el velero de mi amigo Manuel

– Fundé mi propia Agencia Digital, formando un grupo de profesionales de distintas áreas que me permitió expandir mi enfoque de trabajo.

Marzo

marzo-2015

– Empecé nuevamente boxeo junto a mi amigo Juan en un nuevo gimnasio

– Empecé la carrera de licenciatura en Filosofía en la Universidad  Nacional de de La Plata

Abril

abril-2015

– Fui a ver a Catupecu Machu a Groove

– Vi a mi abuela (de 87 años) utilizar Facebook

Probé seriamente el sushi, es decir que comí muchas piesas, y casi termino vomitando

– Fui a ver Wainraich y Los Frustrados y cuando salí me dolía toda la cara de reírme

– Festejé mi cumpleaños numero 26 en Antares, mi bar preferido en La Plata

– Terminé el sitio web de la empresa Parrilla La Chacra de La Plata

Mayo-Junio

mayo-2015

– Estos meses asistí a muchos de eventos, charlas de filosofía y ferias.

– Terminé la tienda virtual de la empresa Ferretería La Platense

Julio

julio-2015

– Escapada a Mar del Plata para festejar los 10 años junto a mi novia, donde la pasamos muy bien e inlcuso pudimos avistar ballenas cerca de la costa

– Asistí con mi primo Matias a el partido a beneficio de la Fundación Pupi en el Estadio Ciudad de La Plata

– Terminé el sitio web de la empresa Symbiosis de CABA

– Terminé el sitio web de Gimnasio Memory de La Plata

Agosto

agosto-2015

– Corrí por primera vez 21 kilómetros

– Fui a ver la opera Otello al Teatro Argentino

– Fui a ver a Catupecu Machu a El Teatro Bar en La Plata

– Comencé la Academia BA Emprende en la UADE

– Terminé el re-diseño del sitio web de la empresa Top Safe S.A de Berisso

– Fui a ver la obra Le Prenom al Multiteatro en CABA

Septiembre

septiembre-n-2015

– Luego de 10 meses de trabajo y 3 años en el baúl de las ideas, lancé Eventeca junto a Gustavo Cieslar

– Asistí a la Expo InternetLA en La Rural junto a mi amigo Manuel y no, no había Wi-Fi

– Asistí por segunda vez a la TEDx Rio de La Plata en Tecnópolis junto a Juan y Ezequiel, y esta es la charla que más me gustó.

– Volví a la cancha luego de muchos años a ver el Clásico Platense junto a muchos integrantes de mi familia

Octubre

octubre-2015

– Fui invitado a participar del Oracle Digital Day en el Hotel Hilton de Buenos Aires

– Organizamos la fiesta lanzamiento de Eventeca en el resto-bar Santo Pecado

– Fui invitado a participar del evento lanzamiento de Evenbrite en Argentina

– Terminé el re-diseño del sitio de la empresa Infobyte de Miami

Noviembre

noviembre-2015

– Corrí mi primera maratón de 10k, superando muchísimo mis tiempos registrados hasta el momento

– Lancé Gen Libre, blog de desarrollo personal y profesional, donde escribo todo lo que no puedo escribir en este blog

– Fui a ver la obra La Escandalosa Traición de lo Imposible donde trabajó mi amigo Manuel en sonido e iluminación

– Adoptamos un cachorro abandonado en nuestra calle al que llamamos Claudio alias «El Rubius«, sin el omg.

– Fui a a ver el espectáculo de stand up Yo, Nerd al Paseo la Plaza junto a mi novia, la nerd.

Diciembre

– Actualmente estoy preparando todo para el año que viene.

– Pasaré fin de año en Rosario junto a mis familiares de allá

 

 

Este año ya es historia y este post así lo demuestra. Felices fiestas querido lector! Hasta el año que viene.

 

Mi negocio online con solo 18 años

Mi negocio online con 18 años

No era fácil crear un negocio online en el 2007 y mucho menos con 18 años y poca experiencia. Antes de que existiera Facebook, Twitter, Medium, WordPress, Blogger, o cualquier medio que permitiese de forma fácil y rápida la publicación de contenidos a cualquier persona con acceso a Internet, crear y subir contenido a la Web no era algo que se lograba de un día para el otro. En ese momento tampoco resultaba obvio cómo funcionaba la web.

Claramente las cosas cambiaron mucho y hay ventajas inmensas con respecto a esta historia. Pero como no todo se trata de técnicas ni herramientas, creo que puede resultarte interesante ver cómo una cosa lleva a la otra y poder contrastarlo con tu propia realidad.

Mi primer negocio online surgió al siguiente año de terminar el colegio, cuando trabajaba en la empresa de mi familia y todavía era un dependiente. Como ya conté en un post anterior, no estaba muy feliz con el trabajo aparte, y aunque consideraba que lo hacia bien y me comprometía con mis tareas, recibía un sueldo que creía no estaba a la altura de mis responsabilidades y que para peor, no obtenía reconocimiento por nada de lo que hacía.

A pesar de esa situación siempre intenté mejorar la empresa. Aun siendo un simple empleado que atendía al público me daba cuenta que muchas cosas no funcionaban correctamente, por lo que estaba constantemente intentando mejorar el negocio desde lo que más me gustaba, el diseño y la tecnología.

Sin darme cuenta, y sin ser consciente de lo que realmente estaba haciendo aprendí mucho sobre cómo funciona una empresa, sobre cómo se construye una marca, una reputación, sobre procesos internos, ventas, manejo de productos, clientes, proveedores, y un largo etcétera que incorporé durante los tres años que trabaje allí. De hecho esos conocimientos me sirvieron después para guiarme en mis comienzos como profesional independiente.

Pero lo más importante que me dejó el paso por la empresa de mi familia fue sin lugar a dudas el comienzo de mi primer negocio online, ya que para mantener vivo el hobby que tenia desde los 13 años y para colaborar con el crecimiento del negocio, decidí crearles el sitio web.

Del hobby al trabajo formal

Al ponerme a analizar la situación me di cuenta que era muy distinto a todo lo que había hecho antes. Hasta ese momento había realizado varias páginas pero la única que estaba seriamente publicada no era de una empresa si no del club de fútbol del que era fanático, que no vendía absolutamente nada.

Era un nuevo desafío y la primera vez que tomaba la identidad e imagen de una empresa real para trasladarla a la web. Me lo tomé muy en serio desde el primer momento, tanto, que hasta esbocé una especie de contrato donde detallaba todo lo que pensaba hacer y el precio por el trabajo, porque si algo tenia claro es que esto ahora era un trabajo. Igual me costó cobrarlo como debía por la aceptación de dos factores: era mi primer sitio web para un cliente real y se trataba además de mi familia.

En ese momento no era tan común tener una página web como ahora y mucho menos lo era ser «Diseñador Web», por lo que esa situación, sumado a que yo no lo consideraba un trabajo porque me encaba diseñar, hizo que no valorara como debía eso que estaba haciendo, que en definitiva sí era un trabajo.

El negocio obvio

Yo estaba contento porque iba a recibir mi primer pago por el diseño de un sitio web. Ese era en definitiva el negocio para mí o al menos eso creía en ese momento. Yo trasladaba la identidad y el mensaje de una empresa a la Web y por ese servicio el cliente debía realizarme un pago. Simple.

Pero había algo más, yo sabia que para tener un sitio web online se necesitaba un proveedor de hosting. Hasta el momento no había contratado nunca uno profesional, siempre había usado los servicios del viejo Galeon (el Geocities hispano), que si bien tenia algunos de pago, lejos estaban de ser servicios profesionales y para colmo eran carlismo.

Fue entonces que buscando una alternativa encontré un proveedor nacional (argentino) que prefiero no mencionar ya que las cosas no terminaron muy bien, pero que me sirvió para entrar en el mundo del hosting profesional.

El verdadero negocio online, no tan obvio

En ese momento lo único que hice fue trasladar el costo del plan contratado en el hosting al cliente, es decir, a la empresa de mi familia, por lo que no era intermediario ni veía un solo peso por ese servicio, porque yo creía que no lo brindaba, pero, ¿no era yo quien acercaba el servicio, la solución?

Es así que al poco tiempo, gracias a muchos factores, me di cuenta del negocio en sí mismo de los alojamientos web. Y la verdad es que no es uno si no que hay muchos posibles y aunque algunos afirmen que está en decadencia para mí sigue siendo una posibilidad a explotar.

Este negocio tiene el atractivo de los ingresos recurrentes y pasivos. Esto es que por determinado servicio el cliente pague todos los meses un monto fijo. Y si ese servicio está automatizado, como el hosting, entonces se convierte en un ingreso pasivo, es decir que ganas dinero «sin hacer nada».

Quizás a esta altura sea una pregunta un tanto obvia pero ¿se dieron cuenta que cada sitio que visitan necesita de un alojamiento? En algún punto es comparable al negocio inmobiliario. El hosting es un negocio escalable y permite obtener ingresos de una forma que con el diseño web y la consultaría es imposible.

Ahora tenía un objetivo

Al poco tiempo descubrí que los proveedores de hosting tenían planes para revender con tu propia marca, cosa que para un diseñador web como yo era excelente. A partir de ese momento debía centrarme en conseguir clientes que necesiten un sitio web, para poder adjuntarles el servicio de alojamiento y así empezar a obtener ingresos recurrentes de forma pasiva.

Hoy sigue siendo para mí uno de los negocios en los que invierto tiempo y dedicación, construyendo una marca que brinda servicios basados en la Web, buscando clientes que por lo general necesitan una página web y que por lo tanto siempre necesitan de alojamiento en la nube.

Es importante que como persona independiente te centres en conseguir seguridad financiera y la mejor manera de alcanzarla es mediante pagos recurrentes e ingresos pasivos. El problema es que no con todas las temáticas y profesiones se puede crear un negocio online, aunque eso está cambiando o mejor dicho, ya cambió, y mi idea es que descubras en Gen Libre cómo lo podes desarrollar y puedas tener objetivos concretos.

Queda claro que si yo pude crear un negocio online con dieciocho años y con muy poca experiencia previa, vos también podes hacerlo. ¿Cuántos años tenes y a qué te dedicas actualmente? ¿Alguna idea por la que quieras empezar?

¿Qué se necesita para ser libre?

Qué se necesita para ser libre

Comencé Gen Libre con el propósito de ayudar a otras personas a descubrir nuevas opciones para hacer lo que les gusta, nuevas maneras de aprender y nuevas maneras de trabajar para vivir sus vidas y lograr la libertad. Ahora bien, la libertad así expresada no es más que un término utópico, inalcanzable y poco descriptivo. La verdad es que no quiero que creas que soy una especie de monje vende humo.

La libertad a la que me refiero principalmente es la laboral, ya que de allí decantan muchas otras, pero considero que para lograrla son necesarias otras libertades, previas si se quiere, como la personal, la educacional, la emocional, entre otras. Así que como vez no se trata de formulas mágicas ni de soluciones rápidas, de hecho odio el tipo de soluciones faciles y rápidas eso sí que es utópico. Se trata de reflexionar sobre distintas cuestiones que tenemos arraigadas para poder aplicar acciones que nos lleven a la libertad y a lograr hacer a cada instante lo que realmente tenemos ganas de hacer.

Es difícil definir qué es exactamente Gen Libre pero si puedo decirte claramente lo que NO es y de que NO se trata este blog en su totalidad. No se trata de hacerse rico de la noche a la mañana con un sitio web ni de cómo volverse famoso con YouTube o cómo llfegar al poder usando Twitter. No está pensado para la gente que busca permanentemente atajos o que siempre está buscando factores externos que le solucionen o le justifiquen la vida.

Gen Libre va un poco más allá y pretende ser fuente de descubrimientos de nuevas opciones, fuente de conocimiento compartido, fuente de intercambio de experiencias reales, fuente de conceptos que ni siquiera sabias que alguien podía tener o por el contrario que creíste que vos eras el único «loco» que las pensaba. Con este blog pretendo juntar a la gente que cree como yo que es posible diseñar su vida, y que para empezar solo es cuestión de decidirlo.

Esta es la segunda entrada del blog y sería muy difícil que pueda responder en ella y de una vez la respuesta a la pregunta planteada. Así que voy a utilizar este post a modo de introducción y un poco como indice de todos los temas sobre los que escribiré en el futuro.

A nivel personal

Hay cientos de factores que influyen en el desarrollo personal de una persona, y hay miles de conceptos que conforman su realidad. Sin embargo para ser una persona libre son necesarios algunos pocos pero sólidos conceptos y es necesario tener convicciones fuertes para no dejarse arrastrar ante la primera critica o el primer fracaso.

Una factor importante creo que es el conocimiento de uno mismo, que sólo se logra pensando y reflexionando sobre tu historia personal, tu presente, tu realidad y entorno. Algo que ayuda mucho en este proceso es escribir y encontrar tu voz interior. Esto permite saber qué necesitamos realmente y qué no, que queremos, deseamos y anhelamos. Identificar las emociones y las motivaciones que nos mueven a la acción también creo que es algo fundamental.

Sin dudas el más importante de todos es tener la capacidad de decidir por vos mismo. A primera vista parece algo obvio y que en casi todos los países del mundo parece algo dado. Pero la realidad es bastante diferente, muchas veces la gente no se da cuenta que no está decidiendo y que simplemente está siguiendo un camino impuesto, prefijado. En filosofía se dice que cuanto más obvio más difícil es cuestionarlo o que nos demos cuenta de que podemos cuestionarlo.

Y si de dificultades se trata tener conciencia de estar viviendo no es nada fácil y es una de las cosas que hace la diferencia. No es lo mismo vivir como si creyéramos que somos inmortales a vivir cocientes de que estamos transitando un camino sólo de ida, en donde no hay vuelta atrás y que posee un fin determinado e imposible de evitar. Esto deriva también en no tener miedo a los cambios porque de eso básicamente está hecha la vida de una persona libre, de cambios permanentes, incluso de inestabilidad e inseguridad. Pero eso es soportable debido a la conciencia del tiempo y todo lo anteriormente expuesto.

A nivel educativo

Del ultimo punto mencionado se desprenden las ganas de aprender y experimentar. Buscar con curiosidad constantemente cosas nuevas, para hacer, para ver, para experimentar, para leer, para sentir, para tocar, para vivir.

Con el nivel educativo me refiero a la formación que uno desarrolla en torno al colegio, la universidad (si es que fue) pero también del entorno, de actividades, de hobbies, de juegos, de «dones», etc. Creo que el ser curioso es el primer paso para aprender algo y para que realmente te interese lo que estas por aprender. Creo que es importante leer mucho pero también saber qué leer y para eso es bueno ser autodidacta.

Aprender a cuestionar no es fácil, puede caerse fácilmente en la queja y terminar siendo un conformista más o uno peor que son los que para colmo se quejan y justifican su vida a través de la culpabilidad del mundo, del universo.

A nivel laboral

Ya que si de algo sé es sobre Internet, la Web y la tecnología en general, mis propuestas para ser libre a nivel laboral van a tener que ver siempre con estas temáticas y principalmente con lo digital, aunque con un poco de imaginación, creatividad y capacidad de relación, no creo que sea difícil llevarlo al plano físico o de los negocios tradicionales.

Viendo las tendencias de crecimiento de adopción de los dispositivos móviles, la penetración de Internet a nivel mundial, los cambios en la forma de trabajar en todo el mundo, el impulso emprendedor, y el extra super fácil acceso a la información y la super exposición que tenemos a ella, yo personalmente no apostaría a trabajos o negocios que no tengan que ver aunque más no sea en un sector con la Web en general.

Por eso creo que es importante entender cómo funciona, cómo se crea, las opciones que da, las oportunidades que brinda para desarrollar la marca personal y saber cómo crear un negocio, empresa o startup con herramientas online. Estoy seguro que te puedo sorprender con herramientas que facilitan mucho ciertos trabajos y con modelos de negocios que ni se te hubieran pasado por la mente.

Ser freelance o emprendedor no es todo color de rosa tampoco, así que me gusta compartir consejos para llevar la vida lo mejor posible, para superar obstáculos y para que no caigan en los mismos posos que yo.

 

La libertad siempre tiene un contexto y cada uno de nosotros tiene el suyo propio. Cada caso es diferente y como dije antes esto no se trata de una formula mágica. Son temas que tocaré en el futuro y en muchos casos son conceptos propios.

Está claro que si tengo 26 años y vivo en Argentina mi libertad está claramente contextualizada, y al mundo que me referiré será por lo general al de esta época (y por que no a un futuro cercano) y a occidente geográficamente hablando, lo que no quiere decir que muchos de los conceptos de los que hablaré, no sean aplicables a todo el mundo en cualquier momento de la historia de la humanidad.

En lo que a desarrollo personal, modo de vida y educación se refiere no puedo hablar más que desde mi experiencia y a modo de opinión. De ninguna manera pretendo que me leas pensando que estoy diciéndote lo que tenes que hacer y como, si no todo lo contrario. Quiero que me leas intentando relacionar lo que digo con tu vida y tus posibilidades, que seas critico con lo que digo y con lo que vos pensas.


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El desafío de la voz interior y exterior

El desafío de la voz interior

Hubo un momento en el que yo no sabía que me gustaba escribir y creía que lo hacía realmente mal. De hecho mi caligrafía es conocida por todos los que la conocen como desastrosa, y utilizo este adjetivo sólo para ser bueno conmigo mismo. Además mi ortografía de adolescente era muy mala también, más de una vez algún amigo me soltó un «¡Qué burro!» por obviar alguna hache o por poner una C cuando debería haber puesto una S.

Resulta que en algún momento, gracias a la computadora, dejé de preocuparme por la caligrafía. Resulta que en algún momento, gracias a los sistemas de corrección, dejé de preocuparme por la ortografía. Y resulta que gracias a estas dos herramientas pude centrarme en lo que realmente quería hacer: escribir. Me di cuenta con el tiempo que saber escribir no se trata de tener linda letra ni de aprenderse todas las reglas ortográficas. Saber escribir es poder comunicar lo que uno realmente quiere expresar y eso no es una tarea sencilla. Al principio parece obvio que podemos hacerlo, que se trata siempre de las mismas palabras y que con simples combinaciones uno puede obtener un resultado con el que estar satisfecho y por sobre todo, algo con lo que hacerse entender con los demás. A priori incluso no pareciera muy distinto de hablar.

Resulta que en determinado momento empecé a leer. No fue en el colegio donde sólo leía por compromiso y para aprobar exámenes sobre textos que no me gustaban, fue varios años después. Con la lectura frecuente no sólo mejoré lentamente la ortografía y no sólo obtenía placer y emociones de los relatos de cada libro, sino que también empecé a interpretar la voz y el tono de cada autor. Estos términos, «la voz» y «el tono», son términos que se utiliza justamente en literatura para referirse al modo en el que el autor se dirige a sus lectores.

Cuando uno lee a escritores importantes o a gente que escribe desde hace tiempo, al margen de gustarle o no lo que dice el texto, lo nota transparente, se nota que eso era exactamente lo que el autor quería comunicar y por lo tanto uno se conecta mucho más fácil y profundamente con lo escrito. El consejo que todos dan, incluso grandes autores, es que para encontrar la propia voz interior lo único que verdaderamente sirve es sencillamente escribir y escribir. Escribir mucho todos los días. Lo que seguramente estás pensando es, primero que no todos tienen tiempo para escribir todos los días y segundo para qué, ya que salvo que seas escritor o periodista no tiene mucho sentido.

La voz interior

Hace muchos años empecé algo así como un diario que más que relatar la cronología de mi día a día o de determinados hechos, lo que hacía (y hago) era volcar pensamientos profundos que de repente me surgían.

Recuerdo el primero de esos textos, y digo recuerdo porque lo perdí. Era una madrugada calurosa de diciembre, me sentía bastante mal porque estaba resfriado y en pocas horas debía ir a trabajar. En ese momento tenía 19 años y trabajaba en la empresa de mi familia, a pesar de las comodidades que eso representaba (a saber: podía llegar un poco más tarde si me sentía mal y además el local quedaba al lado de mi casa) estaba molesto y escribí «no entiendo cómo uno no puede enfermarse tranquilo por tener que ir a trabajar«. A pesar de haber perdido el documento, esa frase me quedó grabada y todavía me parece que expresa exactamente lo que pensaba, lo que sentía y lo que me estaba pasando en ese momento.

Era la primera vez que me sentaba a escribir por escribir, y a escribir desde mi propio yo y para mí mismo. Fue un desahogo importante. Y creo que en esa frase en particular encontré mi voz interior. Me di cuenta que uno puede expresarse sinceramente, y hacer sentir lo que se está viviendo. Descubrí que se puede comunicar efectivamente lo que uno piensa.

Pero por otra parte también estaba contento. En ese mismo texto, al principio y en su nudo, lo único que había eran críticas, quejas, y una lista interminable de cosas que no quería ser y que no quería repetir. Pero sobre el final del texto me auto-cuento lo que tenía pensado para el futuro. Quería cambiar, y la forma en la que lo haría sería escapando de todo para viajar en libertad.

A la distancia, siete años después, veo claramente que ese día me descubrí un poco más, que descubrí dos aspectos fundamentales de mi personalidad y mi temperamento. Desde siempre critico todo lo que se me cruza, y luego decido lo que verdaderamente quiero para mí en función de mi libertad. A pesar de que sólo tenia 19 años ya había viajado mucho, había conocido ciudades de 3 continentes distintos y sabía que esa actividad me encantaba así que decidí que esa sería mi herramienta de escape, viajar.

Cabe aclarar que antes de ponerme a escribir ya había tomado esa decisión. El texto fue mas bien una traducción, una confirmación de lo que había pensado y había hecho. Era visualizar que yo había cambiado, que había dado un giro de ciento ochenta grados y quería comunicármelo, grabarmelo. Fue como un contrato que firme conmigo mismo para enfocarme y no volver a perder el rumbo. Había llamado a mi novia y le había dicho que tenía pensado dejar todo y hacer un viaje por Latinoamérica en moto, de por lo menos un año. Le dije que yo lo iba a hacer sea como fuere y le pregunté si ella me quería acompañar. Su respuesta fue afirmativa y aunque partimos dos años después, desde ese mismo instante el viaje ya había comenzado.

El desafío

Esa noche descubrí mi Gen Libre, descubrí que hay opciones y que solo se trata de decidir lo que realmente uno quiere. Con ese primer texto comencé el desafío de poder comunicarme a mi mismo mis propios sentimientos, pensamientos y cambios. Ya llevo escritos varios libros privados en cientos de hojas digitales y fueron esas palabras las que me ayudaron a interpretarme a cada momento e incluso a la distancia.

Hoy, con esta primera entrada de mi nuevo proyecto empiezo un desafió nuevo, el de comunicarle lo mismo a los demás, de contarte a vos mis experiencias y reflexiones de una manera efectiva para poder aportarte valor.

 


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